SUSO MARIATEGUI

SUSO MARIATEGUI, tenor mundialmente conocido y muy  querido por Alfredo Kraus admiraba el lied alemán. Su pasión por el lenguaje le llevó al mundo del lied, a La bella molinera, de Schubert.  Más conocido en la historia del arte de la bella música por su propio nombre artístico de SUSO MARIATEGUI,  nació en Gran Canaria en el año de 1941, y murió en Madrid de un infarto el día 21 de mayo de 2010,


Parque de Santa Catalina de Las Palma de Gran Canarias,
en la foto  José María Ruiz Fuentes (año septiembre 2018)


Busto de Suso Mariategui, en Las Palmas de Gran Canaria,
en la foto  José María Ruiz Fuentes (año septiembre 2018)


Había nacido en Gran Canaria, como Kraus, su maestro y amigo. Allí estudió Derecho y Música. En Viena perfeccionó el canto y la interpretación. Tuvo de consejero y maestro durante varios años a Anton Dermota, una leyenda del canto. En 1971 debutó en una ópera representada. Fue en Salzburgo, en el personaje de Tamino, de La flauta mágica, de Mozart.


Placa conmemorativa de Suso Mariategui, en Las Palmas de Gran Canaria, foto tomada por José María Ruiz Fuentes
(año septiembre 2018)


Busto de Suso Mariategui, en Las Palmas de Gran Canaria,
en la foto  José María Ruiz Fuentes  (año septiembre 2018)


A lo largo de muchos años alternó Donizetti con Schumann. Y sentó cátedra en dos papeles aparentemente menores: El Inocente de Boris Godunov, de Musorgski, y el cantante italiano de El caballero de la rosa, de Strauss. Hace cinco años escribí una reseña en este periódico de un recital suyo en Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma. Era un recorrido de Monteverdi a los Beatles, con parada y fonda en Pergolesi, Guastavino, Girastera, Fauré, Mozart y Schubert. Había en la sala un público mayoritariamente alemán: receptivo, entendido, entusiasta.


Playa de las Canteras de Las Palma de Gran Canarias,
foto tomada por José María Ruiz Fuentes (año septiembre 2018)


Muelle de Santa Catalina de Las Palma de Gran Canarias,
en las foto Yolanda Ruiz Dos Santos y José María Ruiz Fuentes 
(año septiembre 2018)


Se había apoderado de Suso un concepto didáctico de la existencia. En los recitales, en las clases, en sus libros. En La jungla de la ópera conseguía ir más allá aún que en sus 106 reflexiones sobre la voz y el canto. En realidad, los dos libros son un compendio de su experiencia profesional, alrededor de temas como la relación entre maestro y alumno, la respiración, las diferencias entre voz hablada y cantada, el arte de comunicar, la afinación, la técnica, los médicos y enfermedades vocales, la humildad del buen cantante, el minuto antes de salir a escena o la visión histórica de una manera de hacer la ópera que mucho me temo que no volverá a repetirse en el futuro.


Suso Mariategui


Suso Mariategui


Vivía con el pianista Edelmiro Arnaltes. Hacían música juntos, compartían el paso de los días. A Suso le gustaba cocinar. A la alemana, preferentemente, con las salchichas acompañadas de una deliciosa kartoffelsalat. Y los dulces, una tentación inevitable. Suso era generoso, divertido, lúcido, dialogador, buena persona.

En la última cena que compartimos, me regaló un DVD de Norma. Paradojas de la vida. Horas después de escuchar esta ópera en el Teatro Real me llegó el mazazo de su fallecimiento. Dudo que vuelva a escuchar esta ópera en mucho tiempo. O quizás sí. Pensando en él. Como un último homenaje de una amistad cortada de raíz.

 

VIDEO

 

  recopilación  de José Maria Ruiz Fuentes,

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