AMÉRICA MARTÍNEZ

ENTREVISTA A DÑA. AMÉRICA MARTÍNEZ

8 Sonoro.- Dña. América, ¿cómo surgió su interés hacia la guitarra?

América Martínez.- Mi madre, Matilde Serrano, tenía algún conocimiento de guitarra, gracias a las enseñanzas que recibió de un profesor se apellidaba González y que tenía una guitarrería con ese nombre en la calle Carretas de Madrid. Cuando mi hermana España vio a mi madre tocando canciones y pequeñas piezas con el instrumento, quiso aprender también, y fue mi propia madre la que empezó a enseñarle lo que ella sabía. Yo era la más pequeña, y claro, a mi no me decía nada y tenía que conformarme con escuchar con gran atención las explicaciones que recibía mi afortunada hermana. Viendo mi madre el interés que mostrábamos sus dos hijas, decidió que iniciásemos el estudio de la guitarra de la forma más seria que permitían las circunstancias en aquél entonces. Por desgracia, la guitarra aún no formaba parte de los estudios oficiales de los conservatorios, así que mi madre se informó sobre quién era el mejor profesor particular de Madrid en aquellos momentos, la respuesta fue unánime: Daniel Fortea.

8 S.- Lo cierto es que Fortea ha sido uno de los grandes pedagogos del instrumento de nuestro siglo, y uno de los principales transmisores de las enseñanzas de Tárrega ¿Qué puede contarnos de su época de aprendizaje con el maestro Daniel Fortea?

A.M.- Mi hermana y yo comenzamos a estudiar con Fortea a principios de los años 30, yo no había cumplido nueve años y mi hermana once. El maestro nos daba clases en la calle de la Cruz 27, donde tenía su famosa Biblioteca. En los conciertos de final de curso, mi hermana y yo causábamos la admiración de los oyentes por nuestra corta edad.  Fortea también impartía clases en el Círculo de Bellas Artes y en el Ateneo de Madrid. Con trece años, yo fui su auxiliar. Él se sentaba en un lado de una mesa  muy grande, y yo me sentaba en el otro. Cuando a algún alumno había que explicarle algo más pormenorizadamente o corregirle algún problema, Fortea me decía: "¡Toma este (refiriéndose al alumno), 'peque'!" Porque a mi hermana y a mí él nos llamaba  sus "peques". Yo siempre le decía al maestro que tenía muchas ganas de ser mayor, y el decía ¿Por qué? ¡Porque todos sus discípulos me llaman de "tu" y yo a ellos de "usted"! Yo era una niña, con mis calcetinitos, y todos me decían: ¡Oye, nena! ¿Qué ha dicho el maestro? ¿Que esto lo haga así, con do sostenido? o lo que fuese. Y yo respondía: Si, Don José, si, Don Manuel. siempre con un respeto... Y todos ellos ¡nenita, nenita...! Yo siempre de tu y ellos de usted ¡Qué ganas tenía de ser mayor.!

8 S.- Pero ahora es usted ya "Doña" América para siempre..

A.M.- Ya, yo no lo pienso, pero lo cuento como una anécdota curiosa, y muy grabada en mi mente. Allí había muchas personas mayores que sólo querían tocar la guitarra por gusto. Conocí a uno que llevaba diez años tocando la guitarra y tenía ya setenta años, pero era su ilusión. Daniel Fortea con sus alumnos en 1932. Doña América y su hermana España están sentadas frente al maestro, a los lados de otra joven discípula

8 S.- ¿Tenía Fortea más ayudantes?

A.M.- No, que yo sepa, él lo hacía todo. Lo que sí tenía era otra alumna muy buena, Trinidad García Aguado, que a veces, cuando el maestro estaba de viaje o tenía algún compromiso, daba las clases por él. Recuerdo que incluso un verano que Fortea se marchó a Valencia con su familia, llegó a darnos clase a mi hermana y a mí. Años más tarde, siendo yo auxiliar de la cátedra en el conservatorio de Madrid de Regino Sáinz de la Maza, tuve que corregir a una alumna que no había visto antes por allí: se trataba de la misma Trinidad García Aguado. Durante la clase, yo procuré tratarla con la mayor delicadeza, para no herir su sensibilidad. Cuándo acabamos, ya las dos solas, Trinidad me agradeció con lágrimas en los ojos la forma respetuosa en la que le había impartido la lección delante del resto de sus compañeros. Fue un momento muy emocionante para mí.

8 S.- Usted también estudió con Fortea mandolina española.

A.M.- Con el maestro Fortea empecé estudiando guitarra, pero a los diez años sufrí un accidente casero, con un cristal, en el que pude haber perdido el brazo. Fortea, con hondo pesar, pensó que este hecho podría impedirme el desarrollar adecuadamente mis estudios de guitarra, y me instó a compaginar éstos con los de mandolina española. Afortunadamente mi recuperación fue total.

8 S.- Sabemos que su madre, Matilde Serrano, tuvo mucho que ver con la creación de la primera cátedra de guitarra en el conservatorio de Madrid.

A.M.- En efecto. Como ya he contado antes, cuando mi madre descubre las condiciones que teníamos mi hermana y yo para la música y en concreto para la guitarra, y como haría cualquier madre, pretende para nosotras la mejor formación posible. Así, nos matricula en el conservatorio de Madrid para estudiar solfeo puesto que no existía la posibilidad de estudiar guitarra en ningún centro oficial. Mi madre y otras madres se sentaban en la sala de espera del centro aguardando mientras se desarrollaban las clases de música de sus hijos. Durante esas esperas mi madre entabló amistad con una señora cuyo hijo también estudiaba en el conservatorio, y muchas veces hablaban de lo injusto de la marginación que padecía nuestro instrumento nacional por parte de los organismos oficiales. Resultó que aquella señora tenía un empleo en el Ministerio y cierto día le propuso a mi madre presentar una solicitud al Ministro sobre este asunto. Durante todo un curso mi madre consiguió firmas de adhesión de alumnos y, en menor medida, de profesores del conservatorio. Por fin, el 23 de noviembre de 1935, entregó la documentación al Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, don Luis Bardají, quien accedió a la creación de la cátedra de guitarra. Doña América tocando a dúo con su hermana España

8 S.- ¿Y cómo es que ésta no le fue concedida a Daniel Fortea?

A.M.- Mi madre solicitó la plaza para Daniel Fortea, sin embargo el nombramiento recayó en Regino Sáinz de la Maza. No sabría decir el porqué. Lo cierto es que Sáinz de la Maza era una figura guitarrística de gran prestigio.

8 S.- Al año siguiente estalló la Guerra Civil española. Qué recuerda de aquellos terribles años.

A.M.- Fueron momentos muy difíciles. Recuerdo que en el piso donde vivía Fortea cayeron dos bombas que no llegaron a explotar pero que cortaron el edificio en dos, de tal forma que cuando se abría una de las puertas que daba al pasillo se veía el vacío. Mis padres ofrecieron entonces al maestro a que se alojase en nuestra casa, donde vivió con nosotros por espacio de varios meses. Durante ese tiempo, y para evitarle al maestro riesgos innecesarios, mi hermana y yo atendimos tanto a sus discípulos como su biblioteca.

8 S.- Después usted se matricula en el conservatorio para estudiar con Sáinz de la Maza.

A.M.- Sí, yo empecé con Fortea, pero para poder realizar la carrera oficial de guitarra tuve que matricularme después en el conservatorio cuando crearon la cátedra de Regino Sáinz de la Maza. Hice los seis cursos en dos años porque, claro, yo ya tocaba mucho. Al principio pensé hacer la carrera en un solo año, pero como pretendía  examinarme en septiembre, tuve que dejar el sexto para el curso siguiente, a fin de poder presentarme al premio extraordinario de fin de carrera, al que sólo podían aspirar los alumnos que finalizaban en la convocatoria de junio. Superé todos los cursos con sobresaliente. En el tribunal que me examinaba estaban Joaquín Rodrigo, Turina y Sáinz de la Maza. Recuerdo que una de las pruebas más difíciles era el leer una obra a primera vista. Para la oposición me pusieron un Tiento de Joaquín Rodrigo, que Sáinz de la Maza tocaba en los conciertos. Para prepararla el tribunal concedía diez minutos, pero yo les dije que no era necesario, y la leí al momento. Luego me pusieron otra obra y también la toqué. Después del examen Sáinz de la Maza me dijo: "Has sido la admiración de propios y extraños". Yo tenía una gran soltura leyendo a primera vista ya que me dedicaba a ello durante tres o cuatro horas diarias.

8 S.- ¿Qué material utilizaba usted para leer a primera vista?

A.M.- Obras de guitarra y a veces también de piano. No me paraba a mirar la digitación que hacía, lo que más me importaba era captar inmediatamente la música que leía, con todo lo que ello conlleva, pero sin pararme. Pienso que leer a primera vista es un ejercicio fundamental para la formación de un guitarrista.

8 S.- Regino Sáinz de la Maza también fue discípulo de Fortea, aunque ambos no coincidían en algunos aspectos de la técnica guitarrística, como, por ejemplo, el uso de las uñas.

A.M.- Sáinz de la Maza estudió con Fortea, pero también tuvo mucho contacto con Segovia, Llobet, Pujol, etc. Para Regino debió ser una gran satisfacción ser el primer catedrático de guitarra de España, pero su vida eran los conciertos. Por el contrario, la dedicación de Fortea a la enseñanza era completa, y además este último seguía la escuela de Tárrega. Cuando Sáinz de la Maza se marchaba a sus giras de conciertos yo me ocupaba de su cátedra. Él sabía que yo ponía toda mi ilusión y entusiasmo en esa tarea, y casi desde el primer momento fui su auxiliar en el conservatorio.

8 S.- Cambiando un poco de tema, ¿qué le parece la iniciativa que ha tenido un grupo de antiguos alumnos suyos al crear una asociación guitarrística y ponerle su nombre?

A.M.- Parece que han querido hacerme un homenaje. Mira, yo soy muy sincera, no sé si me conocéis bien. Si es por mi dedicación y por mi amor a la guitarra y a la enseñanza, pues creo que es justo, porque esa ha sido mi verdadera vocación, y es lo que he hecho durante toda mi vida, y hablo con el mayor de los respetos y con toda mi admiración hacia mis maestros, que fueron como ya sabéis, Fortea, Sáinz de la Maza, Segovia y Pujol.

8 S.- Hay maestros cuya ocupación primordial es el concertismo y que de forma esporádica imparten cursos a alumnos de nivel superior, sin embargo, otra cosa muy distinta es la enseñanza en el nivel elemental.

A .M.- No tiene nada que ver. En estos años estoy dedicando gran parte de mi tiempo a cursos en los que trato de fortalecer la base del guitarrista, que creo que es lo más importante para un músico. Durante mi vida profesional, me han venido alumnos que tras muchos años de estudio han tenido que comenzar conmigo prácticamente desde cero, porque no tenían una base técnica sólida. Los profesores tienen que darse cuenta que una mala base deja a un alumno imposibilitado para siempre. El ser profesor conlleva que hagas una labor maravillosa o el que hundas a una persona. Puedes hacer un alumno fantástico o inutilizarle. Cada guitarrista principiante es diferente y el profesor tiene que ponerse a su nivel, no pretender que el alumno "suba" hasta el tuyo. Vosotros sois todavía muy jóvenes, pero un profesor con experiencia al poco tiempo de tener a un alumno delante lo conoce a fondo, y no sólo en lo que a la guitarra se refiere; sabe de su timidez, de su forma de ser, incluso de la felicidad o infelicidad de su vida. Doña América y sus alumnos en el Salón de Actos del Conservatorio de Sevilla

8 S.- ¿Cuáles son los aspectos técnicos a los que usted más importancia da en un alumno novel?

A.M.- Una de las cosas más importantes es la colocación de las manos, tanto la izquierda como la derecha. En la izquierda hay que conseguir una mano suelta, relajada, con soltura, flexible... algo muy difícil pero imprescindible si se quiere llegar a tocar bien la guitarra.

8 S.- ¿Y la mano derecha? Hay discípulos suyos que tienen una diferente colocación de esa mano.

A.M.- Por supuesto, no todas las manos son iguales. Ahora mismo aquí hay varios guitarristas, y si cogemos una guitarra veremos como cada uno coloca las manos de forma distinta y que la constitución de sus manos es diferente. No podemos decir: "hay que colocar la mano así, porque lo hace Tárrega o porque esta es mi forma". Hay que tener en cuenta las posibilidades de cada uno y cómo consigue tocar con la máxima facilidad y entonces enseñarle así.

8 S.- ¿Sus maestros también tenían ese cuidado con la colocación de las manos?

A.M.- Antes había que poner la mano de una forma y no se tenía tan en cuenta si la morfología o la constitución física del alumno lo permitía o no. Con la digitación pasaba igual. Era la digitación que ponía el maestro y nada más. Yo creo siempre que hay varias buenas, ¿por qué va a ser buena sólo la mía? No hay que hacerle tocar al alumno la digitación del profesor sino la que al alumno le vaya mejor. Eran buenos maestros, nunca me cansaré de decirlo, pero la vida cambia, los años pasan, y no te puedes aferrar a la misma cosa de hace cincuenta o sesenta años. Para mí es muy importante enseñar a los alumnos a estudiar y que sepan resolver cualquier problema que vaya surgiendo. También la expresión de la música es fundamental, se debe transmitir el mensaje del autor.

8 S.- ¿Cómo es que usted no ha llegado nunca a escribir un método?. Se corre el peligro de la continuidad de su escuela ¿no?. Vd. tiene muchos discípulos que son concertistas, pero ¿cómo asegura su escuela?

A.M.- Es cierto que alguno de mis alumnos son ahora concertistas de renombre, como María Esther Guzmán, José Mª Gallardo, que además es compositor y fue profesor en el conservatorio de El Escorial (Madrid), Antonio Ruiz, o Juan Carlos Rivera, laudista y vihuelista que también se dedica a la enseñanza, y que es en estos momentos una figura en alza dentro de su especialidad. El dúo Yagüe-Calero sorprendió por su musicalidad a los maestros Regino Sáinz de la Maza y Andrés Segovia, a quienes les presenté. Tengo que mencionar también a Juan Antonio Torres, considerado el sucesor de Segovia pero que tuvo que dejar la guitarra y su brillante carrera de intérprete debido a un gravísimo accidente que a punto estuvo de costarle la vida. Sin embargo, también muchos de mis discípulos son profesores. En Madrid están Antonio Ruiz y Enrique del Rosal, en Badajoz Enrique Molina, en Córdoba Francisco Ruiz, ya fallecido, en Sevilla Serafín Arriaza, Josefina Calero, Maribel Álvarez, José Mª Pichardo y Juan Carlos Rivera, que mencioné anteriormente. En conservatorios elementales hay profesores de guitarra que fueron alumnos míos, como José Antonio Peñalosa, Isabel Martínez, Clementina Ruiz, José Luis González, Valentín Villanueva, Julio Gimeno, Miguel Ángel Acosta, Pedro Osuna, Antonio Calero, María Luisa Fernández, Manuela Ramírez y varios más que seguro se me olvida mencionar. Además doy cursos en los que corrijo a los alumnos delante de sus profesores para que éstos se den cuenta de detalles muy importantes que, gracias a la experiencia que me dan los años, puedo transmitirles. Mi intención es la de ayudar tanto al alumno como al profesor, procurando no herir sensibilidades.

8 S.- De todos modos, el perfil de alumno principiante también a cambiado mucho en estos últimos años. Se ha pasado de alumnos vocacionales, o cuyos padres tenían muy claro el que su hijo tenía que estudiar música, a una generalización de los estudios de este tipo. También, con la implantación de la LOGSE, los alumnos empiezan a estudiar guitarra muy jóvenes y sin conocimientos previos de solfeo, por tanto muchos profesores piensan que no se pueden iniciar los estudios de guitarra utilizando alguno de los métodos tradicionales, como el de Fortea

A.M.- Se pueden coger las cosas de Fortea más simples, o utilizar otros métodos nuevos, la verdad es que no he tenido tiempo para leerlos todos, pero me consta que hay cosas muy útiles. Lo importante es que la base de los niños esté bien hecha. Si hay que hacer cosas más sencillas, pues se hacen. También se pueden utilizar canciones populares que los niños conocen y con las que puedan colocar bien las manos, que es lo más importante al principio.

8 S.- Con los principiantes ¿Fortea utilizaba sólo su método, o también otras cosas?

A.M.- Fortea usaba muchísimo material que él mismo elaboraba. Pienso que no ha habido nadie que haya escrito tanto para guitarra con un nivel asequible para un alumno principiante pero conjugando a la vez calidad y amenidad. Recuerdo el Album de estudios y piezas fáciles, para alternar con su famoso método, un segundo Album con estudios, preludios y gavota, multitud de piezas cortas como Vals y Mazurka, Vals en sol, Schotis, Mi favorita, Vals en mi, otras en estilo flamenco como Sevillanas, Guajiras, Tanguillo, etc. Y eso sin hablar de las transcripciones.

8 S.- ¿Y cuando  alguien no sabía solfeo?

A.M.- Fortea haría lo que yo hice cuando llegué a Sevilla y di clases en colegios como el Colegio del Valle o de la Sagrada Familia. En estos sitios nadie sabía nada de música, pero yo nunca enseñé de oído. Le enseñaba tres notas el primer día, otras tres el segundo, escribiéndolas en una pizarra, llevándome papel pautado y explicando donde estaban en la guitarra esas notas. Cuando sabían las notas y los valores rítmicos, les enseñaba canciones como "Noche de paz" y cosas así, pero nunca enseñé con números, nunca. Unas sevillanas, o cualquier otro material popular, pero siempre por música.

8 S.- Como intérprete, ¿qué repertorio le gustaba y le gusta más tocar?

A.M.- El Romántico, reconozco que soy de otra época, y es lo que sigo sintiendo.

8 S.- Y del repertorio surgido en los últimos años,  ¿tendría algo que decir?

A.M.- Bueno, hay algunas que son bonitas, pero no recuerdo los nombres, porque la verdad es que la memoria me falla muchísimo. Lo que más valoro en una composición es que tenga un mensaje que dar. Por ejemplo, hace poco escuché una obra sobre un hombre que está en la cárcel...

8 S.- "Al alba del último día" de Francis Kleynjans.

A.M.- Exacto. Es una obra que si se oye de cualquier manera no te dice nada, pero si comprendes el mensaje: que el hombre está en la cárcel, en una situación muy penosa, que da un golpe en la puerta, etc., entonces empiezas a verle sentido a esa música. En las composiciones clásicas casi siempre hay un mensaje: de pena, de amor, un diálogo., y es necesario que el intérprete lo de a conocer. Ahora bien, si tu no tienes una técnica buena, sólida, completa, no puedes transmitir tampoco lo que te dice la música. Tu puedes ser un gran soñador y tener mucha imaginación, analizar la música a fondo, ser verdaderamente un artista, pero si las manos no te acompañan no puedes expresar lo que sientes.

8 S.- Continuando con su biografía, en 1945 llega usted a Sevilla como profesora del conservatorio. A nivel guitarrístico ¿que ambiente encuentra en la capital andaluza?

A.M.- En guitarra clásica no había nada de nada. Alguno de los primeros alumnos que se matricularon en mi clase pensaban que les iba enseñar flamenco, canciones, o algo así. El desconocimiento era total. Creo que desde entonces se ha hecho una labor muy importante. Desde hace muchos años, la cátedra de guitarra de Sevilla está entre las más cotizadas. Dejadme que os cuente una anécdota al respecto. Había un concurso nacional para los alumnos de todos los conservatorios de España, y yo presenté un alumno que había hecho el tercer año de guitarra. En las bases sólo ponía alumnos de conservatorio, sin especificar el curso. El alumno era reacio a presentarse diciendo que estaba aún en los primeros cursos, pero yo le decía que en el concurso no pedían curso, y que aunque no consiguiese ningún premio, la sola experiencia de presentarse a un concurso era ya una cosa interesante. Yo me preocupaba de la parte de la formación de mis alumnos que iba más allá de las aulas. Tenía la costumbre, por ejemplo, de llevarlos a conocer a Fortea, a Pujol, a Sáinz de la Maza y que viesen como eran esos grandes maestros. En el concurso había noventa y tres alumnos matriculados. Allí no me conocía nadie, y yo me senté junto al pasillo y veía pasar a los alumnos de la eliminatoria, y preguntaba sorprendida: ¿ese alumno, qué curso hace? y me contestaban: quinto, y yo comentaba ¡ah, que majo! Y pasaba otro de séptimo y otro de cuarto... Tocó mi discípulo, sin saber nadie que era mío, y pasó a la final,  y al día siguiente le dieron el primer premio. Para mí fue una gran satisfacción.

8 S.- Ese alumno era Antonio Calero ¿no?

A.M.- Sí, Antonio Calero, un alumno que llevaba el curso brillantemente.

8 S.- ¿Y es cierto que el presidente del tribunal, Cesar Roche, al entregarle el premio se levantó y dijo: "Tenemos que reconocer que la mejor escuela es la de Sevilla. Primer premio por unanimidad."

A.M.- Bueno, pienso que fue muy generoso en su apreciación, aunque lo cierto es que programa con más nivel era el de Sevilla. Venían alumnos a continuar sus estudios desde otros conservatorios, y aquí nos preguntábamos: ¿cómo lo examinamos, si el programa de sexto que traen es el que nosotros ponemos en cuarto? El actual catedrático, Serafín Arriaza, está siguiendo una línea similar. Es una persona muy trabajadora, muy estudiosa, muy amante de la música..., un magnífico maestro. Gracias a la actuación de personas como él, Sevilla sigue produciendo guitarristas muy buenos, que yo a veces considero como mis "nietos".

8.S.- Baste recordar a Antonio M. Duro Herrera, Francisco L. Sánchez Bernier, Francisco J. Sánchez Cantón, Claudio González Jiménez, Mª Victoriana Domínguez Gómez, Serafín Arriaza Vargas, Miguel A. Pérez Rizzi, Jesús Pineda Arjona, Carlos Enrique Villalba Ramos, Francisco Seco Miguez. toda una cantera de jóvenes músicos, que ya están descollando en el difícil mundo del concertismo.

A.M.- También he quedado maravillada con el curso impartido en Sevilla, no hace mucho, por José Mª Gallardo. Y no lo digo porque sea discípulo mío, sino porque es un chico que enseña con verdadero amor. Sabe enseñar, pone su alma en ello, y está perfectamente preparado para hacer un curso. Es el mejor curso que he escuchado en mucho tiempo, y ya he asistido a muchos. Me siento muy orgullosa de cómo transmite mis enseñanzas. Es un profesor que te dice dónde está el alma de una nota, porque las notas también tiene alma, y hay que saber tocarla, sentirla, expresarla.

8 S.- Antes de acabar, querríamos que nos dijese ¿qué relación tenía usted con Ruggero Chiesa? ¿Vd. lo trajo a un curso en Sevilla?

A.M.- Sí, lo conocí en un concurso en Francia, donde ambos formábamos parte del tribunal. Entablamos amistad. Luego fui a Milán, a un concurso donde también estaba él. Al final le invité a Sevilla. Ese fue el contacto que tuvimos, nada más. Era una bella persona, una persona muy trabajadora, que también había sido discípulo de Pujol.

8 S.- ¿Podría contarnos algo del maestro Pujol?

A.M.- Os podría hablar mucho de él. Era una persona con la que solamente estar a su lado era una enseñanza. Era un santo, al menos yo me imagino así a los santos. Se le reflejaba en la cara, una bondad, una sencillez, una humildad, una sabiduría... A veces yo le llevaba a mis discípulos sólo para que le conociesen. Era tan humilde en su ambiente. Una vez vino aquí un señor inglés, que ha publicado la obra de Sor a partir de los originales...

8 S.- ¿Brian Jeffery?

A.M.- Sí, Brian Jeffery. Estuvo aquí, en mi casa, y me dijo que teníamos que hacer algo por el maestro Pujol, que estaba pasando una mala situación económica. Me quedé sorprendida. No sabía nada. Con toda la delicadeza que pude hablé por teléfono con Adelaida, para preguntarle de forma que no se sintiese molesta... que tenía referencias y que me habían hablado que estaban pasando un mal momento económico. Ella me contestó:  "No América, si precisamente hace dos o tres días que Emilio ha cobrado una alta suma de la Sociedad de Autores. No tenemos ningún problema" Por supuesto, si hubiesen tenido problemas, le hubiese ayudado en todo lo que fuera, pero lo que confundió al Sr. Brian Jeffery fue esa modestia tan hermosa en la que vivía Pujol. Se le veía con su batín, con su ropa gastada., como voy yo también, porque no me importan nada las cosas exteriores, eso lo he heredado en parte de Pujol, de él y de Fortea, pero más todavía de Pujol.

8 S.- Y su relación con Segovia ¿cómo fue?

A.M.- Muy bien también, pero ya Segovia era otra persona. Esa persona que vive la gloria, el triunfo que le seguía. No tengo ninguna queja de él, a mí siempre me recibía en el lugar en que estuviese actuando, y era encantador. Tengo también cosas dedicadas por él, preciosas. Su mujer, Emilita Corral, quiso ser alumna mía, pero yo me venía a Sevilla y le recomendé a Pujol y a Segovia. Al final se fue con Pujol, aunque también estudió con el que luego sería su marido.

8 S.- Hay una cierta "leyenda negra" en torno a Fortea, que le tacha de arrogante, y que fue difundida precisamente por Andrés Segovia.

A.M.- Daniel Fortea era todo bondad, ya os he dicho que estuvo viviendo en mi propia casa. Donde sí era inflexible era como profesor. Recuerdo un difícil estudio de ligados de su método, el nº 43, hasta que no estaba perfecto no lo daba por bueno y no te pasaba, aunque tuvieses que dar tres, cuatro o cinco clases, pero te corregía con amabilidad y con una sonrisa: "Anda nena, a mirarlo más porque todavía no te sale".

 

 

Sevilla, 15 de marzo de 1997. (publicada en Ocho Sonoro, n.1, 1997). por Aníbal Soriano y Julio Gimeno

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