ANTONIA CONTRERAS
 

 

ENTREVISTA A ANTONIA CONTRERAS
 

 

   Antonia Contreras, cantaora: «El flamenco es arte, pero muchas veces también dolor»
 
 

Perota de adopción y de elección / 43 años/ Canta como forma de entender la vida, porque le ha gustado desde siempre / Admira a la Niña de los Peines / Ama y siente el cante por malagueñas

¿Cómo le gusta que le llamen: Antonia, Antoñita, Toñi...?

Bueno, hay quien me llama Antonia o Antoñita, que es como me empezaron a llamar cuando empecé a cantar. Los más amigos incluso me llaman Toñi. Siempre que sea cariñosamente, no me importa.

Porque en los carteles le suelen presentar como Antoñita Contreras...

Efectivamente. Eso fue cuando empecé a cantar, que era muy jovencita. Ya no soy tan joven y me parece que habría que cambiar lo de Antoñita por Antonia, pero bueno. Siempre que sea respetuoso, no me importa la forma.

Me dicen que en estos últimos días no ha parado de trabajar.

Sí, porque ha coincidido la feria de Málaga con otros festivales que tenía fuera. Ha sido una semana muy ajetreada, pero esa es la forma de vida de uno y con lo que uno disfruta. Incluso tengo un poquito de pena de que ya se haya acabado. Aunque entre comillas, porque todavía me quedan muchos festivales. La semana que viene estaré en Olvera, en septiembre me queda el festival de Manilva, Algarrobo, una cosita por Sevilla... Tengo un año afortunadamente lleno de trabajo.

¿Por qué canta?

Canto porque me ha gustado desde siempre. Es algo que me satisface mucho. Hay algunas personas que piensan que para ser artista hay que tener cierta trascendencia familiar. Pero yo no lo pienso. En mi familia había afición, pero nadie se ha dedicado a cantar profesionalmente. También recientemente he tenido la satisfacción de compartir cartel con estrellas como José Mercé o Carmen Linares, que es ahora mismo una de las mujeres que mejor representa el flamenco. Y muchísimos más. También he estado en Madrid hace poco. Fue mi presentación allí y la satisfacción fue enorme. Doblemente cuando leí la crítica que me habían hecho al lado de la de Mercé. Fue muy positiva.

¿Alguna vez siente ganas de cantar y no puede hacerlo?

Sí. El estado de ánimo tiene mucho que ver con el cante. Hay veces que te apetece cantar pero te encuentras en un sitio en el que no puedes... ¿Y nada, me aguanto y ya está!

¿Canta en la ducha?

¿Mira, canto en todos lados! (risas). Mis vecinos tienen que estar un poquillo cansados de mí, porque canto en la ducha, canto por toda la casa, por la noche cuando llego... Aunque con cuidado de no molestar, claro.

He leído que ha escrito algunas de las letras que luego ha cantado.

Alguna he escrito, pero últimamente no. Me he dado cuenta de que hay gente que escribe mucho mejor que yo. Por eso, ahora hay quien me cede sus letras, yo elijo y las canto.

Dicen que lo mejor de su carrera le ha llegado en plena madurez...

 

Eso dicen, sí. Puede ser que uno cuando llega a determinada edad madure en todo y puede que a mi me haya pasado. Yo empecé a cantar de muy joven, pero luego, por los hijos y por otras circunstancias, lo dejé aparcado. Y ahora tengo todo el tiempo del mundo para dedicarme a lo que he querido hacer siempre.

¿Con qué palo disfruta más cantando?

A mi la música me enriquece muchísimo, sea del tipo que sea, aunque haya elegido flamenco, que es lo que sé hacer. Me siento muy a gusto cantando por soleás, por ejemplo. O por malagueñas. Y, sobre todo, me gusta hacer un cante libre, en el que yo pueda alargarme o jugar con el tiempo. Que tenga libertad.

El flamenco, ¿es arte, dolor o ambas cosas?

El flamenco sin duda es arte, pero muchas veces también es dolor.

¿Alguna vez se ha quedado afónica en una actuación?

No exactamente, pero alguna vez sí que he tenido algún problemilla en algún cante en el que me he entregado demasiado. Pero después nada. A veces me han dicho que es increíble que tenga una voz magnífica aunque haya estado cantando diez días seguidos. Bueno, tal vez es una cosa innata.

¿Y necesita beber cuanto está en el tablao?

Hombre, cuando vas a hacer un recital de a lo mejor siete u ocho cantes, necesitas refrescar la garganta. Aunque últimamente estoy intentando no subir al escenario con la botellita de agua porque creo que da un poco de mala imagen.

¿Y no se queda seca?

Estoy acostumbrándome, porque me parece que queda un poco feo.

¿El cantaor se emociona más o menos que el público?

Por supuesto que se emociona muchísimo. Cuando ve a la gente en pie, una se emociona mucho. Recuerdo la última vez en el espectáculo 'Biznagas' que se representó en Álora, en el que hubo una conexión artista-público impresionante. Fuimos veintitantos artistas y más de uno y yo misma acabamos llorando cuando nos dimos cuenta de lo bonito que había sido todo. También fue muy importante para mi trabajar en ese espectáculo con Ortiz Nuevo, que es un señor del flamenco en letras mayúsculas.

¿Qué mujer es su referencia en el flamenco?

Creo que la referencia de cualquier artista que cante flamenco es, sin duda, la Niña de los Peines. Es y será por siempre la gran dama del flamenco. De ella hay que beber, aunque luego cada uno personalice las cosas. Porque ella fue única y yo no soy partidaria de imitar a nadie. Aunque esa es la fuente.

¿Dónde le queda por tocar?

Hombre, ya que me conocen mucho en Málaga y en parte de Andalucía, ahora me gustaría abrirme más a nivel nacional


A. Contreras, en Álora frente al monumento del Cante por Malagueñas. / J. J. B.

UNA ENTREVISTA DE J. J. BUIZA

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