JOAQUÍN GRILO

 

ENTREVISTA A JOAQUÍN GRILO
 

"Quienes manejan el flamenco saben que soy un rebelde con mucha causa"
 

El bailaor estrena el próximo viernes en el Villamarta 'Leyenda personal', una nueva criatura donde se muestra "tal y como soy", y que le sirve de tributo a la mujer y para reclamar libertad ante la "manipulación del poder"

Pide una menta-poleo y saca su tabaco de liar. A su lado Nuria, su inseparable compañera de viaje vital y profesional, madre de su única hija y de otro pequeño que viene en camino. Joaquín Grilo te mira a los ojos y derrama verdad por sus retinas. El bailaor anda estos días inmerso "en una nube" que le lleva de La Compañía a casa, de casa a su estudio... Y vuelta a empezar. Inquieto y perfeccionista como es, se desvive porque todo esté a punto para que cuando el telón del Villamarta se alce el próximo viernes toda su Leyenda personal se vacíe por el escenario con ese punto exacto de improvisación y meditación que quiere mostrar. "A veces creo que voy a volverme loco por querer abarcarlo todo". Se refrena. Nos atiende sin prisa pero sin pausa.

El mes que viene cumple 40 años, ¿ha llegado la hora de hacer inventario?

Pues la verdad es que uno nunca se plantea eso. Las cosas surgen. Y la verdad es que este espectáculo está hecho desde ese punto de vista de intuición, pasión, improvisación, dolor, alegrías, recuerdos... Todo eso que arrastro desde mi infancia hasta los 40 años que tengo hoy me ha hecho sentir y ser de una forma determinada. A propósito de todo eso, trazo un triángulo en el que cada vértice hace referencia a un planteamiento: la pobreza y humildad, el hombre con los pies en el suelo; un homenaje a la mujer, mostrarla como un árbol que da los frutos de la vida; y la manipulación del poder, la gente gris que cree que con dinero se compra todo.

Se trata, pues, de una propuesta austera, pero a la vez con mucha profundidad y contenido.

Muy profunda, sí. Quiero que sea también muy limpia, exactamente. Limpia, me refiero, emocionalmente, para que la gente pueda entender bien todas las emociones que se expresan, pero también limpia en lo que es la parte técnica.

En su anterior montaje, A solas, ya había algo de introspección personal, aunque bajo el pretexto de El guardián de la luz de Barembem.

En A solas realmente estaba metido en un personaje, yo con 60 ó 70 años. Y ahora me voy a mostrar como soy realmente en este momento. Por decirlo de alguna forma, es la segunda parte de aquel espectáculo. Es mostrarme tal y como soy, con mis defectos y virtudes. Y encima quiero reivindicar y homenajear ciertas cosas.

Un Joaquín Grilo al desnudo...

Creo que lo importante de la vida es mostrarte como eres y desnudarte ante los demás, aunque el teatro sea una máscara. Y la manera de darlo todo en este momento es componer con la ayuda de la gente que tengo alrededor. Además de eso, incluyo mis recuerdos, habrá imágenes y sonidos recordando mi infancia… Recientemente he sufrido la perdida de mi padre y eso me ha hecho dar la vuelta a la obra. En un principio estaba pensada de una manera y con este dolor, este parón, el ánimo es otro.

¿Y cómo afecta ese impass al proceso de montaje de Leyenda personal?

Reanudé el proceso tras quince días, poco a poco. Fue muy duro, pero la vida sigue... Ha sufrido cambios. Sobre todo, en cuanto a estado de ánimo y al enfoque. Hasta ese momento hay unos recuerdos, pero cuando ya no se tiene a alguien tan fundamental como es tu padre, pierdes un eslabón clave de tu ser, hay que mostrarlo de algún modo. Tuve que afrontar la situación de otra forma. Leyenda se ha ido formando y retomando y el resultado final es otro distinto al del principio.

Hubo quien no llegó a entender la dramaturgia de su anterior obra e incluso, aplaudiendo el trabajo, consideró que ésta aportaba poco. En cambio, usted siempre ha sido muy perfeccionista al pretender que sus montajes se entiendan.

Siempre digo que no soy actor, soy bailaor. Y todo lo que voy a dar está dentro de la expresión corporal de mi baile flamenco. Pero tengo claro que quiero aprender, y para ello hay que probar. A la intuición le gusta la vida y la derrota, la razón te aleja de los sueños. Caer es la única forma de aprender. Bailar flamenco está dentro de mí, pero hay que estudiar una técnica para que fluya; con la interpretación ocurre lo mismo. Y está claro que no puedes estar vacío bailando por soleá. Eso es lo que quiero mostrar, pero con unas pautas y un sentido. Unos lo entenderán y otros no, es parte del espectáculo y de la vida...

Y de su labor como creador...

Exactamente. Puedes ver un cuadro que te maraville y, en cambio, yo te digo: 'mira yo aquí no veo nada'. Lo interesante y bonito es poner a todo el mundo de acuerdo y que todo el mundo lo entienda, pero yo voy a dar lo que tengo interiormente y para ello me hago de un equipo que me ayude a expresar lo mejor posible mis planteamientos, que pueden ser muy profundos.

¿Por esa razón vuelve a confiar en el actor Sebastián Haro para la puesta en escena?

Aparte de todo eso es que a Sebastián le cogimos un cariño especial en el anterior trabajo. Aparte de ser un gran actor, aporta mucho al trabajo diario. Tiene ideas magníficas, aunque con una compañía privada con recursos mínimos como la nuestra a veces hay que pararle los pies. En todo caso, nos encanta su labor y por eso contamos con él.

¿En qué se notará su mano?

Principalmente en la escenografía. La idea estaba, pero él ha hecho unos cambios formidables… Contarlo sería descubrir la historia, y mejor que no. Con pocas cosas, el público va a entender muy bien el planteamiento.

En cualquier caso, 'Leyenda personal' se presenta como una crítica sin contemplaciones al 'negocio' en el que usted se mueve.

Sí, sí, sobre todo. En el mundo del arte, por desgracia, estamos muy manipulados, la gente está muy falta de personalidad. Y lo cierto es que al poder le interesa que seamos lo más torpes posible y que nos puedan manipular y conducir. En la cultura, especialmente, vienen a hacerse la foto, te quieren comprar, te tiran los billetes.

Debe ser muy difícil no sucumbir y pasar por el aro.

Claro, claro que es difícil. Pero yo soy un rebelde en ese sentido, y de hecho la gente que maneja este mundo de la danza y el flamenco sé que me tiene por rebelde. Y seguiré siéndolo, cada vez más.

Y además con causa...

Con mucha causa. Nunca es suficiente y ahora es cuando empiezo a aprender, pero son ya 26 años subido a un escenario, llevo a mis espaldas muchas colaboraciones y giras, he montado cuatro espectáculos de producción propia… Más riesgos ya no se pueden correr como creador y artista. Y la verdad es que la ayuda siempre es reacia. Siempre está cuando llega el triunfo, y ahí sí te dan el toquecito en la espalda… En ese momento no, ya no me da la gana. La cultura, especialmente, es una tapadera para hacer desastres.

A pesar de todo, usted se ha mantenido como creador y bailaor de culto frente a tanto artista mediático y mediocre. Con perspectiva, ¿ha sido un alivio?

-Parte de ese triángulo del que habla Leyenda es lo que estás comentando. He tenido la oportunidad de hablar con mucha gente, conocer culturas, muchos países... Y estamos equivocados. Aquí se piensa que si no eres famoso no eres importante. Hasta la misma familia te pregunta por qué no sales en televisión. Y para mí lo importante, y ahora más que nunca, es hacer lo que me gusta y crear. Desafortunadamente, necesitamos dinero para seguir adelante, es necesario para tus propios sueños. Pero no es lo importante. Si el día 20 el Villamarta se llena, me engloriaría, pero si sólo hubiese una persona, ya estaría satisfecho porque sería señal de que a alguien le intereso. El hecho de que a una sola persona le intereses, te alimenta. Y eso te hace trabajar con más fuerzas y ser más rebelde.

Y más libre...

Exactamente. Tener más libertad. En el escenario quiero ser libre, subir sin prejuicios y poner lo que quiero y lo que siento.

¿Todavía tiene miedo en el momento de subir a las tablas?

Siempre. Cada vez más. No sé si alguna vez desaparecerá, pero es pánico. La responsabilidad va creciendo y cuando pasa el tiempo uno se cree que sabe más y en realidad sabe menos. Te sientes cada vez con más compromiso contigo mismo.

¿Y cómo le afecta estrenar 'jugando' en casa?

Una responsabilidad doble. Si la gente ya ha visto cuatro estrenos y vuelve es porque realmente le ha gustado lo que haces. Cada vez hay que darle más; o, al menos, lo mismo que la última vez.

En alguna ocasión ha comparado su labor creativa con la entrada a un laberinto.

En el flamenco, como en el arte, aprendes y cada vez te pierdes más porque conoces más. Entras en una habitación y ves un cuadro, pero vas entrando y cada vez percibes más detalles. Y te vuelves loco, pues quieres abarcarlo todo.

¿Dónde se siente más cómodo trabajando: creador y coreógrafo, bailaor o maestro?

Trabajo no me cuesta nada porque me siento libre en ese momento. Pero lógicamente lo que más me gusta es interpretar mi baile una vez que está creado. Lo que más me puede costar, porque soy duro conmigo mismo, es la creación. Ahí es donde más chocazos contra la pared me doy. Uno intenta no autoplagiarse, aunque sea dentro de una métrica rítmica similar.

¿Cómo se diseña la música de este nuevo espectáculo?

La creación musical está a cargo de Juan Requena, uno de los grandes exponentes actuales del flamenco para el baile. Todo está basado en el flamenco: desde la voz de un cantaor antiguo hasta una paleta de colores formada por tientos, soleá por bulerías, farruca, malagueñas, fandangos de Huelva, bulerías, cantiñas, jaleos… En este montaje, menos la farruca que es la parte central, el resto serán cosas muy comprimidas, como un disco: muchos temas, pero a retazos, que haya colores diferentes.

¿Qué le recorre el cuerpo cuando le llaman el 'rey de la bulería'?

(Risas) Hombre, te gusta. El reconocimiento de los demás y que te echen piropos es algo confortable y que te da fuerzas. Pero por otra parte el ser humano siempre tiende a enfrentar a la gente, y en el arte, por suerte, no pasa eso. No hay competición, cada uno tiene un camino.

¿Qué es lo más importante que guarda en su mochila tras 26 años de trayectoria?

-Hombre, me ha marcado mucho la gira con Paco de Lucía, como maestro, pero realmente lo que me guardo ha sido formarme como persona, intentar ser humilde, porque la música está ahí y es importante para ser libre; pero cuando sales de ella es importante ser persona para poder transmitir eso a la hora de ser artista. Y eso es el trabajo del día a día, más que otra cosa.

Tras el estreno, viene casi la parte más importante de un espectáculo: hacer que gire...

Mi mano derecha, la izquierda, mis pies… es mi mujer Nuria. Ella es bailaora y entiende muy bien la parte del espectáculo. Dar su sueño por el mío ha sido enorme y ella está ahí para afrontar todo ese filtro que yo no puedo atender cuando estoy creando. Cada vez tenemos más puntos de referencia en el mundo y lo cierto es que este espectáculo va a partir con muchas más perspectivas que los anteriores.

 

Francisco Sánchez Múgica / Jerez | Actualizado 15.06.2008

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