MIGUEL POVEDA

 

ENTREVISTA A MIGUEL POVEDA

 

   "La presión pesa, cada vez da más miedo dar pasos equivocados"

Miguel Poveda, la única concesión cantaora en el principal escenario en la decimoquinta edición del Festival de Jerez, presenta esta noche en el Villamarta, con todo el papel vendido desde hace meses, la versión para teatros de Historias de viva voz.

"Con este espectáculo me doy cuenta de lo impresionante que es el universo del flamenco, nunca paras de aprender". Miguel Poveda, la única concesión cantaora en el principal escenario en la decimoquinta edición del Festival de Jerez, presenta esta noche en el Villamarta, con todo el papel vendido desde hace meses, la versión para teatros de Historias de viva voz, la magna antología del cante que alzó el telón de la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla. Ayer, ante un tremendo revuelo de medios y aficionados, el cantaor badalonés desentrañó algunas de las claves de lo que trae hoy a Jerez y conversó con este medio acerca de cómo vive el éxito y sus proyectos de futuro. Lo más inmediato, un nuevo trabajo discográfico de flamenco que le producirá el guitarrista jerezano José Quevedo 'Bolita'.

¿Qué objetivo persigue en Historias de viva voz?

No pretendo contar la historia del flamenco, para eso están los libros y los especialistas, que lo hacen millones de veces mejor que yo. Lo que pretendo es, mediante un recital flamenco algo más ilustrado, recordar grandes voces que han hecho todavía más grande si cabe a este arte. Voces como las de Mairena, Marchena, Chacón, La Niña, El Chaqueta, Fernanda y Bernarda... Ni pretendo ser ni quiero ser como ellos, quiero ser yo mismo aunque haya bebido de todos ellos. Cuando me reuní en su día con Rafa Estévez y Nani Paños [partes importantes en la concepción del trabajo] descubrí que los cantaores antiguos eran más modernos de lo que ahora podemos presumir: ya habían cantado tangos, a los poetas, con grandes orquestas... Es un homenaje a la voz flamenca, a los distintos registros por donde ha sido capaz de transitar la música flamenca.

¿Se le sigue acelerando el pulso por el hecho de cantar en Jerez?

Pues cada vez siento más compromiso y responsabilidad, dada la expectación que hay también, con el teatro lleno desde hace meses. Y creo que para cualquier músico de flamenco, esta tierra impone cierta tensión y unas ganas tremendas de hacerlo bien. Ningún concierto es uno más, todos los disfruto, pero Jerez tiene el añadido de que es una tierra cantaora, sabia, en la que se sabe de arte, se sabe apreciar lo que es ser artista, cuando uno lo es o no lo es. Ahora me puedo perder menos en Jerez, pero es una tierra que me ha hecho llorar, reír, aprender, disfrutar y me ha dado muchas lecciones. Aunque tenga su parte más cerrada y excluyente, con Sin fronteras di muestras de que pueden convivir formas cantaoras distintas sin miedos y sin reparos. Lo cierto es que estoy eternamente agradecido a Jerez. Y no lo digo porque esté aquí, lo digo por todo el mundo.

¿Le ha cambiado el éxito y la fama tan arrolladora? ¿Cómo se autodefine a sí mismo ante la llamada 'povedamanía'?

Cambias por lógica de vida, de experiencia, las circunstancias te van cambiando, pero intento tener un poco de inconsciencia para no dañarme. Primero, no siento esa 'povedamanía', sino que siento que hay gente que admira mi trabajo como pueden admirar el de Enrique o el de Mercé. Definirme a mí mismo me parecería muy narcisista, no sé hacerlo. Soy tan fan y tan admirador de los demás, soy tan analista con los artistas que me gustan de cualquier expresión artística, soy tan esponja, que me olvido de mí. Estoy pendiente de mí mismo e intento hacer mi profesión lo mejor posible pero no llego a autoanalizarme. Hago lo que he hecho siempre y no me he visto todavía en los cromos de los Phoskitos o en las chapas de la Coca-cola. He seguido los pasos de otras personas amando la música por encima de a mí mismo.

Curiosamente hay quienes siguen empeñados en atribuirle el papel de artista mediático de moda, pasajero, pero sus más de 20 años de trabajo serio y coherente le avalan, ¿le molesta todo esto?

-No, lo que ocurre es que este país es bastante envidioso y poco cuidadoso con sus propios valores, cosas que no ocurren en otros países e incluso en mi tierra, en Cataluña, donde suelen cuidar muchísimo a sus artistas. No me puedo quejar porque me siento mimado por la profesión y por Sevilla, por ejemplo, que me ha dado un sitio grandísimo. ¿Mediático? Ni salgo todos los días en televisión haciendo nada que no sea música ni canto canciones románticas para que me sigan las niñas. Soy cantaor. Si un cantaor consigue ser mediático cantando en catalán, que es lo menos comercial del mundo; cantando a Alberti y con orquesta de cámara, que es lo menos comercial del mundo; cantando poemas de Lorca por seguiriyas con una orquesta sinfónica o cantando flamenco... si consigo ser mediático con todo eso, bendito sea, pues no lo he conseguido haciendo el pino con una mano. En cuanto a lo de la moda, una chaqueta se puede poner de moda y al año siguiente no vale. Estoy escuchando que estoy de moda desde antes de vivir en Sevilla, donde llevo ya ocho años. No he visto una chaqueta que se mantenga de moda ocho años. Es el valor de lo clásico, que puede estar o menos de actualidad, pero siempre, siempre tendrá vigencia.

¿Nota más la presión en estos momentos?

¿Que si la noto? Claro que se siente. Se siente y pesa. Y cada vez tienes más miedo de no dar pasos equivocados. Donde antes te miraban diez ojos ahora te miran cien. Esa observación continua te crea tensión, miedo, angustia de que nadie te critique, para no defraudar, pero por suerte tengo la templanza de seguir a lo mío, a lo que me gusta. Cuando estoy en casa escucho música, veo a los compañeros cuando actúan, estoy pendiente de lo que ocurre en la profesión. Intento, sobre todo, que no me afecte nada de lo que ocurre alrededor mía, que puede ir a más velocidad que yo mismo.

Le considero un intérprete brutal y en 'homenaje a los maestros', uno de los números de este espectáculo, aparece camaleónico dando vida a diferentes mitos de la historia del cante, ¿se siente cómodo en la recreación, en la emulación?

-Sí, bueno. Es un recurso teatral concreto, un guiño muy bonito a diferentes cantaores o artistas cercanos al flamenco que aparte de su impronta como cantaores tienen su sello característico, pero no soy un imitador tan bueno como algunos creen. Es un homenaje muy bonito a figuras que me encantan. Si hubiese sido uno de ellos y viese que un cantaor hubiese hecho eso de mí, con ese homenaje desde lo más profundo del amor hacia ellos, me habría emocionado. Lo que pasa es que hay tan mala baba que creen que estoy ridiculizando a esos artistas. Sería un kamikaze, un inconsciente si quisiera ridiculizar a gente como Marchena. Me tienen que matar... Pero bueno, en todo esto, los detractores van en el lote.

Copla, magna antología del cante, tangos, fado... ¿qué es lo siguiente, por dónde camina ahora su búsqueda artística?

No sé realmente. Creo que voy a seguir haciendo lo que me pida el cuerpo, dejando que los proyectos vengan de forma natural porque me haya emocionado algo. Ahora, por ejemplo, Pedro Guerra me está mandando una cantidad de sonetos de amor de Lorca, Quevedo... Los recibo, veo que son interesantes y empiezo a trabajar. Lo que me queda es no ir a buscar nada, lo que me ofrezca el día a día sin miedo a afrontar otras historias.

¿Va a incluir en ese nuevo disco de flamenco piezas o fragmentos de Historias de viva voz?

Sí, por ejemplo, la soleá apolá, tanto en la forma de Mairena como en la de Marchena. Aunque a algunos les parezca un atrevimiento, una osadía y una falta de respeto, quiero que convivan estas dos formas cantaoras maravillosas. Me da igual lo que piensen payos y gitanos. También quiero incluir la nana de Bernardo de los Lobitos, con mis arreglos y a mi forma. Quiero cantarle a Jerez... En fin, cantar parte del repertorio sí.

¿Tiene más aliados que enemigos en esta profesión?

Uyyy muchos más aliados. Tengo la suerte de haber vivido situaciones maravillosas con Rancapino, Juan Habichuela, Enrique [Morente], Carmen [Linares], El Zambo, Morao, Mercé, Menese, Cepero... Les oigo hacer declaraciones sobre mí cuando no estoy delante y se vuelcan en elogios. Al margen de que sean más o menos amigos, ese es el mayor elogio. La verdad es que no tiene precio que los que más saben y los que están en el día a día del escenario valoren tu trabajo.

¿Qué le dices a los ortodoxos, por ejemplo, de la corriente mairenista de preservar a ultranza el cante gitano andaluz?

Respeto por supuesto los gustos y las preferencias de todo el mundo. Libertad ante todo. Si hay un sector de personas que libremente decide que sólo le guste una parte del cante, lo asumo con todo el respeto y tolerancia, pero esa parte tiene que ser también tolerante y respetuosa con la otra parte. Les diría en todo caso que es una lástima que se pierdan un abanico grandísimo. Si sólo abren el abanico hasta la mitad, se pierden la otra parte, y lo maravilloso es el abanico entero, que te quita mucho más la calor. Cómo vas a renunciar a Chacón, a Piñana, al Niño de Barbate, a Valderrama, a Marchena... No puedo renunciar a esa gente. Cada artista te pega el pellizco de una forma y te remueve de una forma. Cuando escucho a Terremoto o Tío Borrico salto y me ponen que doy botes, y cuando escucho a Marchena se me ilumina la cara, me emociono, puedo llorar, pero a lo mejor no pego los botes que con Terremoto. Son diferentes forma de emocionar que son igual de válidas.

Francisco Sánchez Múgica / Jerez | Actualizado 05.03.2011

  Volver | Ver su biografía  | Ver entrevista 62  | ver la entrevista 220  | ver la entrevista 234  | ver la entrevista 246

El Arte de Vivir el Flamenco © 2003
Cerrar