ESTELA ZATANIA

 

ENTREVISTA A ESTELA ZATANIA

 

 "La palabra 'industria del flamenco' me da terror"

 

Estela Zatania habla de sus comienzos y de su pesimismo por el devenir del flamenco

Cuando Bob Dylan y todo el movimiento folk despertaron al mundo, Estela Zatania, nacida en Nueva York, comenzó a tocar la guitarra. Por insinuaciones familiares comenzó a probar con el flamenco aprendiendo, entre otros, del mismo Mario Escudero. Posteriormente comenzó a aprender cante con una discípula de Antonio el Chaqueta, "como estaba gordita, me decidí por el cante", bromea Estela rememorando sus comienzos. Aprendió los cantes básicos y escuchó a la Niña de los Peines y Tomás Pavón, Chocolate, Fosforito, la antología Hispavox… Comenzó a cantar para baile, y en seguida tuvo mucho trabajo debido a la escasez de cantaores que había por Nueva York en aquellos años. Enamorada del cante de Utrera, llegó a España en el año 70 y comenzó su vida española discurriendo por el triángulo sagrado de Morón, Utrera y, posteriormente, Jerez de la Frontera, donde vive en la actualidad.

¿El cante flamenco insiste o resiste?

Ambas cosas. El cante es una criatura muy especial, tiene vida propia y evoluciona, aguanta las agresiones de unos, y crece con las aportaciones de otros, nunca está parado. Pero también es delicado, y tenemos la obligación de cuidarlo siempre con cariño, lo mismo que cuidas cualquier cosa que te dejan en herencia tus antepasados.

¿Dónde están los límites de lo que es o no flamenco?

Cada aficionado debe fijar sus límites en ese respecto. Como crítica, me obligo todos los días a plantearme esa pregunta nuevamente, porque cada nuevo artista o propuesta amplía la dimensión del flamenco, y desmiente los límites anteriores, pero no todo lo novedoso es bueno. El mundo está lleno de música excelente, pero opino que para decir "flamenco", debe ajustarse a las formas de compás y guardar el bosquejo de las melodías tradicionales.

¿Qué es lo que más le preocupa en la actualidad?

La frase "la industria del flamenco". Me inspira terror. Son palabras que dejan claro que la prioridad es vender, aunque haya que hacer concesiones, aunque el género se cambie a tal extremo que deja de ser reconocible como flamenco, siempre y cuando siga llamándose flamenco y se pueda vender. Me preocupa que el cante suene cada vez más vacío, como si fuera canción, y que ya no haya personalidades, probablemente porque todos están aprendiendo de las mismas grabaciones en lugar de aprender escuchando a otros de viva voz.

¿Se está gestionando bien todo ese dinero que dedican las instituciones al flamenco?

No. En absoluto. Cero. Las instituciones públicas responden a las exigencias del gran público que sólo tiene interés en el flamenco mientras genere ingresos o realce la imagen de España. Me parte el corazón cuando asisto a obras costosas financiadas con el dinero público, que sólo se presentan una vez o dos y que a lo mejor dicen poco, y luego pienso en todos los cantaores desconocidos que luchan día a día, que me ruegan que les busque cualquier cosa, y que les da igual el dinero. También es escandaloso que no haya dinero público para terminar de editar la magnífica serie Rito y geografía del cante, un valioso documento para los siglos de los siglos, ya terminado y hecho, sólo falta editarlo en DVD, con relativamente poco dinero se hace.

¿Se ha sentido discriminada por ser extranjera?

Nada digno de comentar, el flamenco es un lenguaje que identifica a la persona mucho más que el lugar de nacimiento. Pero por ser mujer, sí que me he sentido discriminada. Ahora ha cambiado mucho, pero hace cuarenta años cuando empecé a trabajar en España, la mujer flamenca era poco más que una vedette folklórica. Se decía que sólo los hombres debían cantar para baile, y me obligaron a cantar y bailar "alante", una rumbita, algún cuplé por bulería…

¿Qué impresión le merece el flamenco granadino?

Siempre he estado muy ligada al flamenco granadino. Una de las primeras grabaciones de flamenco que escuché fue la de María la Canastera. Me fascinaban aquellos sonidos tan exóticos. De adolescente tuve la suerte de pasar un verano entero compartiendo vivencias diariamente con Juan Maya Marote, Gracita de Sacromonte, Chiquito de Osuna y Joaquín Fajardo en la Expo de Montreal. En el camerino escuché muchos cantes de Granada que no se habían grabado, siempre estaban cantando, y me aficioné a ese saborcito. Pero siempre me ha parecido que los granadinos dan poca importancia a su propia herencia flamenca, o incluso que hay cierto rechazo. Víctor, el Niño Charico, fue el mejor cantaor de su generación, de cualquier parte, y con diferencia. Su prematura desaparición fue una auténtica tragedia para todos los aficionados. Pero hay otros cantaores tremendos en Granada, de hecho, ahora mismo, es donde veo la cantera más abundante y prometedora.

 

 

Granada Hoy, Actualizado 03.10.2010 – Foto de encabezamiento Zatania en sus años como cantaora.

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