EVA YERBABUENA

 

 

ENTREVISTA A EVA YERBABUENA


 «El flamenco está pasando una transición y eso siempre es complicado»

 

Eva Yerbabuena llega con una pinza en la cabeza seguida de su hija Manuela, una adolescente de catorce años, con vocación de crecer muy deprisa, como ocurre siempre. Dicen de Eva Yerbabuena que hace un tipo de flamenco distinto, sin apartarse de una fuerte raíz. Su última creación, «Lluvia», es buena prueba de ello.

¿Alguna vez le han dicho que es una intrusa en el flamenco?

Yo lo he dicho. El flamenco es siempre el flamenco, y los que empezamos a llegar o estamos o somos unos intrusos. Hay un momento en los que quizás uno mismo cree que a lo mejor no estás haciendo lo que debes, pero eso es algo que siempre está, hagas lo que hagas y por muy bien que salga.

¿Qué diferencia hay entre artista y artisteo?

Le escuché por primera vez ese término a Fernanda y Bernarda de Utrera que contaban una anécdota, porque a Fernanda le gustaba ir a todos sitios, y Bernarda le dijo, «que te gusta una fiesta, que te gusta un artisteo». Hay a quien le gusta el arte y a quien le gusta el artisteo, eso decían ellas. Yo no soy persona de frecuentar muchos trasnoches, y a lo mejor me pierdo muchas cosas, pero por lo que una escucha de antes, creo que no tienen que ver esos trasnoches con los de ahora.

¿Y entre flamenco y flamenquito?

A mí los diminutivos me ponen mala. A nadie se le ocurre decir ópera y operita. La verdad, el término flamenquito me suena despectivo. Se dice yo soy flamenco, pero nadie dice soy flamenquito.

¿El flamenco tiene hoy por hoy nombre de mujer? Lo digo por sus protagonistas, usted, Sara Baras, María Pagés, Belén Maya, Rocío Molina...

La verdad es que sí, somos mayoría en este caso..., creo que no faltan talentos entre los hombres, pero sí tener claro que es lo que se quiere conseguir y sobre todo cómo mover ficha. Esto es como el ajedrez y como te despistes te dan jaque mate.

Su compañía ha dado ya varias bailaoras, como Rocío Molina o La Choni, ¿no es cansado formar bailarines para que luego que se marchen?

Para mí es una forma de enriquecerme yo misma. Hay personas que se quedan para siempre porque hay algo personal que engancha y somos adictos unos a otros. En mi compañía el que no se va es porque no quiere.

¿Sigue usted en esa relación de amor-odio con la Bienal de Sevilla?

Yo espero que nadie se tomara a mal que yo decidiera la Bienal anterior no estar. Le tengo un amor a la Bienal impresionante y además agradecida porque me dieron mi sitio desde el primer día que lo pedí. Me han acogido mejor que en Granada (donde se crió) y eso es de agradecer. Me han mimado sin mirar de dónde era.

¿Estará en la Bienal de 2010?

Estaré.Haré algo nuevo, un estreno que ahora se está gestando. De momento hay un subtítulo, que no sé si quedará o no. Se titula «La vida».

Usted ha grabado recientemente «Flamenco.flamenco» con Carlos Saura. ¿Qué le pareció que convocaran a la prensa el día que grababa Sara Baras?

Eso se lo deberían preguntar a Saura o al responsable de la productora o prensa, porqué se convoca el día del rodaje de Sara. Es algo que bien puede exigir la gente del rodaje o quizás los que trabajen con Sara. A mí me llamaron el día antes para esta rueda, pero yo no podía asistir porque estaba con Paco (su marido), teníamos cita con el médico y no pude ir. Tampoco es algo que hoy por hoy me preocupe.

¿Qué le ha bailado a Saura?

Una nana. La hemos grabado bajo la lluvia y me ha cantado Miguel Poveda. Teníamos cuatro trajes para cambiarnos de tanta agua. Al final, ha quedado maravillosa.

¿Con qué político se «echaría» un baile?

Con Obama. Pero a mí no me gusta mezclar mi trabajo y lo demás.

¿Es cierto que usted lo que de verdad quería ser era cantaora?

Sí, me encanta, yo daría cualquier cosa por poder cantar bien. Me hubiera encantado tener una voz entre Mahalia Jackson, Estrella Morente y Fernanda de Utrera. ¡Qué sueño imposible!

¿Le gustaría dirigir una compañía institucional como el Ballet Flamenco de Andalucía?

Ahora mismo no, quizás más adelante. Hoy por hoy diría no, pero a lo mejor en unos años me apetece. Hoy día es tanta la libertad que tengo de decidir que no sé si la tendría en otro sitio.

¿Ha hipotecado alguna vez su casa para hacer una obra?

Cuando no tenía hijos... pues sí. Cuando decidimos hacer compañía teníamos a Manuela y sabes los riesgos que corres, pero tratas de no hacer nada a la ligera.

Con usted no va esa fama del flamenco juerguista y desordenado.

Yo eso no lo conozco y creo que es algo que no es necesario. A nadie le amarga un dulce, me encanta una fiesta, pero sin que haya droga por medio. Que la gente sea consciente de lo que se está viendo. Se puede beber dos o tres copas, pero hasta ahí.

¿Bailaría en un tablao?

Si me hiciera falta, sí. Esa es la diferencia entre antes y ahora. Antes era la pura supervivencia, haciendo cola que llegara alguien que tuviera ganas de una fiesta y así poder seguir comiendo con toda la fatiga del mundo. Hoy las hambres de antes no se pasan.

¿El flamenco está sano?

Yo creo que hay una transición y una generación que está a punto de desaparecer, desgraciadamente. Y hay otra que está empezando a aflorar, y las transiciones son complicadas y necesitan su tiempo. Pero, ¿sano?, que venga Dios y me diga en qué gremio hay salud plena.

 

POR MARTA CARRASCO Publicado Sábado  21-11-09

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