JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

 

 

ENTREVISTA A JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD ESCRITOR

 


 «Los mediocres son los que están seguros de todo»


El autor jerezano se mantiene fiel a la duda en 'La noche no tiene paredes',
el poemario que hoy presenta en Málaga
 

La edad me ha ido dejando / sin venenos». Ligeros de equipaje; libres de rencores, que no de agravios, aparecen los versos de 'La noche no tiene paredes' (Seix Barral), el regreso a la poesía de José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1926). Otra vuelta de tuerca en la espiral de la duda reivindicada por Caballero Bonald, que esta tarde presenta su libro en Málaga de la mano del Centro Andaluz de las Letras.

Hace tiempo sostuvo que en literatura «lo que no es barroco es periodismo», pero su último libro parece despojado de artificios.

(Ríe) Eso era una frase hecha para lucirme... Es cierto, creo que me he ido despojando de todo lo que me parecían adornos innecesarios o complicaciones lingüísticas y creo que he llegado a una poesía más escueta, más desnuda, en cierto modo más directa.

¿Sigue su lucha por destilar el lenguaje?

Por supuesto. Intento dar un paso adelante más en cada libro, porque para mí la poesía también es procedimiento, es un acto de lenguaje y el lenguaje está en este caso vinculado a las zonas prohibidas de la experiencia. Sobre todo, este libro aborda el lenguaje concebido como un método de conocimiento de tu propia identidad. La poesía procura ofrecer un mundo distinto, descubrir algo nuevo de la realidad, porque la realidad me parece cada vez más misteriosa. Si se ahonda un poco en la realidad, aparece un enigma.

Ha comentado que 'La noche no tiene paredes' es «una suma de última voluntades». ¿Se está despidiendo de los lectores?

No era ese mi propósito (ríe de nuevo). Pienso que cada poema tiene algo de última voluntad. En cada poema estás expresando todo lo que sabes e intentando llegar al fondo de las palabras y esa última voluntad de cada poema es a la que se refiere la frase, porque cada poema tiene algo de testamento vital.

También presenta este libro como «una consecuencia» de 'Manual de infractores', su anterior libro. ¿Qué le quedó por decir?

En esta ocasión hay más variedad temática y está más apoyado en las paradojas, los aforismos, la ironía, la sátira para abrirte camino sobre esos enigmas interiores de los que hablaba antes. Hay algo que me parece muy definitivo de este libro: la duda. Reivindico la duda como eje dialéctico de la propia experiencia vital. A medida que me hago viejo, dudo de más cosas. En este libro hay muchas preguntas que no se contestan porque no encuentro la contestación. Por eso digo a menudo que yo detesto a los que no dudan nunca, los que van por la vida sabiéndolo todo. Esas personas son detestables para mí. Creo que la duda te ayuda a seguir viviendo.

Contra las certezas

Sin embargo, parece que la duda está cada vez peor vista, sobre todo por aquellos que pretenden presentarlo todo blanco o negro.

Eso se ve todos los días, en la radio, la televisión, la prensa... Siempre veo que todo el mundo tiene soluciones para todo: las crisis terribles que estamos padeciendo, las corrupciones, nadie sabe si esto de la gripe A es verdad o es un invento de las multinacionales farmacéuticas. No se sabe nada, pero hay gente que habla con una seguridad que produce un rechazo instintivo.

¿Cree que esa aparente seguridad es una impostura?

Creo que no. La gente es cada vez más dogmática y se cree en posesión de la verdad. Los mediocres, sobre todo, son los que están seguros de todo.

Junto a la duda, otra de las protagonistas de su libro es la noche. ¿Prefiere ese momento de la jornada para la creación y la vida?

Siempre he sido muy nocturno. Casi todos mis libros están escritos de noche. Vivo de noche, ya menos, porque los años te impiden cumplir esos deseos. Ahora la noche tiene para mí menos atractivos porque la puedo disfrutar menos, pero para la gente de mi edad la noche era la libertad, ir en contra de los biempensantes. Ser un desobediente. Creo que la gran literatura está hecha por grandes desobedientes. Enfrentarse a los sumisos, a los gregarios, a los que obedecen a todo lo que le dice. Esa ha sido siempre mi postura en la literatura y en la vida.

 

 

 11.05.09 - A. J. LÓPEZ| MÁLAGA. Fotografía de encabezamiento, Caballero Bonald sigue fascinado por la noche. / F. A. EFE«

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