MIGUEL RÍOS

 

ENTREVISTA A MIGUEL RÍOS
 

"La nostalgia ha sido más un defecto que un sitio en donde refugiarme"
 

El emblemático rockero granadino vuelve con el disco 'Solo o en compañía de otros'
que reúne temas inéditos, colaboraciones y versiones especiales
 

A sus 17 años ya era dueño de su propia vida. Atrás quedaba su ciudad natal, Granada, donde entrar en el anonimato era poco menos que una misión imposible, y más con el movimiento fascista que imperaba en esa época. Miguel Ríos viajó a Madrid con 3.000 pesetas bajo el brazo y con la ilusión que le brindaba el sueño de vivir de la música. En un momento en el que el rock fue adoptado como símbolo musical y cultural de muchas generaciones, a él le colgaron la etiqueta del reinado del twist.

Poco a poco fue destapándose y en los años 60 llegaron algunos de sus primeros temas en clave de rock, estilo musical y existencial que ya no dejaría nunca más. El próximo año se cumplen 40 años de su internacional Himno a la alegría, adaptación del cuarto movimiento de la IX Sinfonía de Beethoven dirigida por Waldo de los Ríos. El legado musical de Ríos y su compromiso social le han convertido en uno de los artistas más importantes de nuestro país y de los más idolatrados por las nuevas generaciones. Una relación generacional que se puede disfrutar en su nuevo disco, Solo o en compañía de otros, un trabajo ecléctico en el que Miguel Ríos recopila algunas de sus colaboraciones con otros artistas, muchos de ellos jóvenes, e incluye nuevas versiones y temas inéditos.

Me gustaría saber Miguel, si en todos estos años que hace usted que se dedica a esto de la música, ha cantado alguna vez realmente solo…

No, me parece que no. El título de este disco, Solo en compañía de otros es porque hay algunas canciones del disco en las que canto solo y luego hay versiones en directo donde canto acompañado de otros artistas. Realmente solo, solo…(Piensa). Espera, sí que hubo una vez en la que canté solo (Sonríe).

Le escucho…

Fue un día en un acto de Comisiones Obreras y canté a capela un tema de Luis García Montero que se llama Oración. Se inauguró el congreso con este tema, ya no me acordaba, ¿ves? Luego la verdad es que siempre he estado acompañado, independientemente de los pequeños formatos que haya podido hacer, por músicos u otros compañeros.

Otra cosa muy distinta es sentirse solo, suele ser una actitud reflexiva de muchos rockeros…

Sí, pero tampoco. Primero porque no entra dentro de mi personalidad y nunca he tenido esa sensación. Ya te digo, es un título que explica el contenido del disco de manera bastante fiel, y también porque es un juego a una sentencia que hubo en el caso Urquijo y que empezaba con este "solo o en compañía de otros, este señor ha hecho…" He querido hacer ese guiño a la historia (Sonríe).

¿Tiene usted algún reto o alguna necesidad con este disco o Miguel Ríos ya ha dejado los retos para otros?

Este disco no tiene ningún reto y, evidentemente, a mi edad tampoco voy a ir ya a buscar ninguno. (Ríe). Simplemente surge de la necesidad de cantar canciones que creo que están muy bien y el hecho de seguir haciendo un oficio que me ha tratado muy bien y poder seguir complaciendo a unos mecenas que llevan aportando su granito de arena a mi desarrollo artístico desde hace muchísimo tiempo. ¿Retos? No, simplemente intentar cantar bien y no bajar el listón de mi propia calidad. No me he comparado nunca con nadie, simplemente conmigo mismo. No he querido estar conmigo peor de lo que estaba antes y creo que en ese sentido, y objetivamente, es algo que he conseguido.

Estructuralmente se trata de un disco muy ecléctico, hay temas inéditos, canciones que ha hecho para otras colaboraciones y, corríjame si me equivoco, otras tres canciones que versiona y, como siempre dice en estos casos, le encantaría haber compuesto también a usted…

Sí, la verdad es que me encantaría haber ideado casi todas las canciones del disco. Por ejemplo, el tema de Princesas de Joaquín Sabina. Son homenajes, cuando uno canta canciones de otra persona primero es para reconocer la calidad de una canción, eso es claro. Es un disco ecléctico también en el tiempo, la primera canción es la del homenaje a Antonio Flores, del año 2000, hasta el 2008 han pasado muchísimos años. Hay canciones que son casi inéditas, como Oda a la tristeza. Este eclecticismo es una de las cosas que me apetecía hacer en el disco, sabía que había unas canciones que, aunque eran variopintas, tenían un nexo en común que es mi propia voz y mi estilo, y tenía la posibilidad de traer algunas canciones nuevas grabadas ahora. A la vez es homogéneo porque no hay ningún gran salto de sonido ni de calidad con respecto a otros discos.

Colabora también con artistas jóvenes. Imagino que uno siempre está a tiempo de aprender nuevas cosas…

Claro, estas relaciones son muy positivas. Pero te diré algo. Aunque pueda parecer extraño desde fuera o haya un salto generacional bastante grande, vamos todos a lo mismo y frecuentamos los mismos bares (Sonríe). Tenemos también más o menos los mismos ídolos y una historia común que nos iguala. Creo que lo que distingue a la gente joven de mis coetáneos es que son mucho más atrevidos. Eso yo lo aprecio mucho y estoy muy contento, de hecho me veo como uno de ellos.

¿Está garantizada la tradición del rock en nuestro país o ha perdido influencia en nuestra sociedad actual?

Creo que sí, que ha perdido cierta influencia, pero no tanto por la gente que está haciendo rock o por la calidad del rock que sale ahora, sino por la difusión que el rock tiene en la sociedad a través de los comunicadores, que sois vosotros. Creo que hay menos oportunidad en los medios masivos donde el rock prácticamente no cuenta. Eso implica que a la gente joven le cueste mucho más trabajo.

Entonces que nos queda, ¿cambiar lo de "buenas noches bienvenidos hijos del rock and roll" por "buenas noches bienvenidos hijos del reggaeton"?

(Ríe). ¿Sería lo ideal no? (Sonríe). O mejor, nietos del rock and roll e hijos del reggaeton. No, en serio, creo que tampoco. El reggaeton es una de esas músicas que se pone de moda pero que tiene una fecha de caducidad. Son signos del tiempo y para públicos muy determinados. El rock tiene detrás una línea de comportamiento y una forma de entender la existencia. A lado de Barack Obama no había ningún artista de reggaeton, estaba Bruce Springsteen. Nos sigue emocionando el hecho de que por ahí, quizá no es el caso de nuestro país, la meca del rock siga teniendo una salud de hierro. En este país habrá que luchar un poco más, pero en el resto del mundo, se ve que donde las cosas que pasan tienen importancia, el rock sigue teniendo una gran presencia.

Cuando usted empezó también se decía que el rock estaba medio muerto y que el twist arrasaría con todo…

Exactamente. A mi me impusieron el reinado del twist (Sonríe). Entonces quizá sí que era más claro que la música era una sucesión de bailes, no entraba tanto por el lado emocional, sino por el de la diversión. En España no nos habíamos dado cuenta de que había gente que estaba escribiendo su propia historia con las letras del rock, que por primera vez la gente joven tenía en el rock una música generacional que le permitía crear una cultura alrededor de ella y que rompía con el legado del padre.

¿Es pretencioso afirmar que Miguel Ríos fue el precursor del rock en España?

Sí, pretencioso e incierto. Ahí estaba el Dúo Dinámico tres años antes que yo haciendo discos. Al mismo tiempo que yo estaban otros muchos grupos. Lo que no sería incierto decir es que Miguel Ríos es el que ha resistido hasta ahora, pero de precursor nada de nada.

¿Cambiamos la palabra precursor por difusor?

A lo mejor eso sí que tendría más sentido. Pero no lo he hecho por difundir una cultura sino por explicarme a mi mismo. Sería pretencioso decir que lo que yo he hecho es cultural, simplemente he vivido alrededor de una música que resulta que tiene connotaciones culturales como cualquier hecho artístico. Todas las demás cosas son etiquetas que te ponen por el hecho de estar en un medio público. Ahora, que las asumas o no, es otra cosa.

En sus tiempos de conciertos de rock y amor versionaba grandes clásicos mundial como Elvis Presley. Ahora hace más versiones pero con los "hijos" de esos clásicos. ¿Es una forma de cerrar el círculo?

Aunque no lo queramos admitir la biografía va terminándose. Ahora tengo 46 años más de cuando empecé a hacer todo esto, no creo que me queden otros 46 por delante. Sin pretensión ninguna, sí que puede ser una forma de cerrar capítulos o círculos.

Dicen que los viejos rockeros nunca mueren, ¿qué hacen?

(Sonríe). Viven. Físicamente morimos todos pero, y lo decía Javier Cercas en su libro, Soldados de Salamina, mientras alguien diga tu nombre no estás muerto del todo.

Entonces seguro que usted no morirá nunca. ¿Es de los que le gusta mirar hacia atrás de vez en cuando?

No he idolatrado ni mi propia carrera. Me parece que estoy bien así, la nostalgia ha sido más un defecto que un sitio en donde refugiarme. Sin embargo, la memoria sí que me parece imprescindible para el ser humano. Yo tengo una memoria muy selectiva que tiene que ver con la música, con la gente que ha tocado conmigo o con los locales. Lo otro es bastante superfluo. (Sonríe).

 

Albert Domènech | Barcelona | 10/12/2008

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