RAPHAEL
 

 

ENTREVISTA A RAPHAEL

 

El cantante de Linares cumplirá en 2010 sus bodas de oro encima de los escenarios y lo celebra con la

publicación del disco, 'Raphael, 50 años después'

 

 "Nunca voy a decir que me retiro, sería mentira"
 

Tuvieron que crear una categoría sólo para él, el Disco de Uranio, que le acredita como el único artista español capaz de vender más de 50 millones de discos. No es de extrañar teniendo en cuenta que Rafael Martos, Raphael, empezó a despuntar cuando sólo tenía cuatro años. Aunque él lo niega, muchos le veían como un auténtico niño prodigio, sobre todo después de ser elegido como la mejor voz infantil de Europa en el festival de Salzburgo. A partir de ahí, Raphael se fue haciendo un nombre dentro de la música, hasta ahora, que forma parte de la cultura musical colectiva de muchísimas generaciones. Confiesa que lo difícil no fue hacerse ese nombre, sino mantenerlo.
Y vaya si lo ha mantenido, a pesar de los obstáculos que la vida le ha deparado, trasplante de hígado incluido. Raphael tiene ahora un nuevo capítulo para añadir a la primera parte de unas memorias que publicó en 1998. En 2010 cumple sus bodas de oro sobre los escenarios y para celebrarlo acaba de publicar el disco Raphael, 50 años después, un trabajo en el que canta a dueto temas de 21 artistas de la talla de Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat, Juanes, Alejandro Sanz o Joaquín Sabina, entre muchos otros. Él quiere seguir disfrutando de la música, y ahora tiene una buena excusa para hacerlo. Y es que Raphael no cree en la palabra retiro, como él mismo dice, cuando lo deje será para "tomar unas largas vacaciones".

Sólo se me ocurre una palabra para definir lo que representa este disco, y se la voy a tomar prestada a usted. ¡Esto es un escándalo!

(Ríe). Pues te diré que el tema de Escándalo está de casualidad porque yo no quería hacer canciones mías, pero David Bisbal insistió y al final decidimos incluirla. Pero piensa eso, que la idea no era hacer canciones mías, sino de los demás (Sonríe).

No me está entendiendo Raphael, ahora no le hablaba de la canción. Céntrese en el vocablo, es de escándalo llegar a los cincuenta años de carrera musical. No sé si es más difícil que un matrimonio llegue a las bodas de oro o que un artista esté tanto en tiempo en esto de la música…

(Ríe). Las dos cosas son muy complicadas. Cumplir 50 años es complicadísimo en todo. De todas formas, está claro que es muy difícil mantenerse tanto tiempo dentro de la música. No tanto llegar a tener un cierto nombre, que muchas veces es más un golpe de suerte, pero mantenerlo ya es cuestión de trabajo y de saber mimar mucho tu carrera y hacer las cosas cada vez mejor para que el público tenga de ti ese factor de sorpresa. Que no digan eso de, "no, si este ya sé lo que hace".

Es un reto constante, también para usted…

Sí, claro, pero pienso que es un reto fascinante y muy interesante, si no nuestra profesión sería muy aburrida (Sonríe). Para mí salir al escenario diariamente es un reto, porque piensa que en esta profesión lo que hiciste ayer ya no sirve, más allá de recordarlo. Y yo no soy hombre de recordar. Todas las profesiones que consisten en estar de cara al público son así. Lo de ayer lo hiciste muy bien, ¿y ahora qué?

Pues lo más lógico es que ahora usted hubiera hecho una antología con sus grandes éxitos. ¿No le gusta la lógica señor Raphael?

No, vamos a ver, lo lógico es lógico, eso toda la vida. Pero a mí me parecía demasiado cumplir 50 años de profesión, tan vigente como estoy y tan fuerte, invitar a mis amigos y encima hacerles cantar mis canciones. Como yo estaba deseando poder cantar canciones de ellos porque me entusiasman, hice este disco con temas de siempre, pero suyos, no míos. Quería cosas de ellos. Al único que le pedí una cosa nueva fue a Joaquín Sabina porque sabía que él podía hacer una poesía y una letra maravillosa sobre esto. Él me preguntó cómo se iba a llamar el disco y le dije 50, sin nada más. Se quedó así pensando y me dijo lo de 50 años después basándose en una experiencia suya en Londres conmigo.

Aún así tengo entendido que la figura de Joan Manuel Serrat fue decisiva para la consecución de este proyecto, ¿es así?

Fue el primero al que se lo dije porque tengo un enorme respeto por él, muchísimo, desde el principio de nuestra historia hemos llevado dos carreras paralelas aunque seamos tan diferentes. Necesitaba decírselo, le escribí, y días después me llamó para decirme que sí. Recuerdo que le dije que si quería me venía a Barcelona a grabar y todo (Ríe). Pero no, al final todos vinieron a grabar a Madrid, excepto Vicente Fernández porque estaba de gira por Estados Unidos y por México y me acerqué, quedamos un día en su rancho Guadalajara y grabamos allí.

Hablar de Raphael no solo significa hablar de voz, sino de expresión y comunicación encima de un escenario, hasta tal punto que ha llegado a marcar un estilo propio. ¿Esa fuerza en sus actuaciones es la que marcará el momento de retirarse?

El día que no tenga energía sobre el escenario, me voy. Nunca voy a decir que me retiro, porque sería mentira. Sé que si digo que me retiro, a los tres meses voy a volver. Pero si de verdad veo que no tengo fuerzas, o que no tengo ilusión por las cosas, ese día me iré de vacaciones largas. Nunca usaré la palabra retiro, ni tampoco habrá gira de despedida ni cosas parecidas.

Como habla en condicional debo interpretar que ahora mismo sus ilusiones musicales, a pesar de su dilatadísima trayectoria, siguen intactas…

Están renovadísimas, diría yo. Créeme (Sonríe).

¿Cómo se lleva eso de ser un niño prodigio? ¿Pudo tener una adolescencia normal?

¡Es que yo nunca fue un niño prodigio! Lo que pasa es que a los cuatro años cantaba muy bien, y punto. Pero nada de niño prodigio.

A los nueve años fue escogido usted mejor voz infantil en un festival celebrado en Salzburgo…

¡Pero yo me lo tomaba como un juego! Cuando llegué a Salzburgo para mí fue una fiesta ir en autobús con otros niños, con todos mis compañeros, incluso comer los bocadillos que nos daban envueltos en papel de periódico (Sonríe).

Pero Raphael, digo yo que esas cosas le marcan a uno, aunque sea para crecer más rápido…

No, a mi no me marcó nada, de verdad. Yo fui un niño, a parte de regordete, feliz porque me sentía muy querido por mis padres, cantaba, jugaba a las chapas y tiraba piedras en la calle. En aquel momento no tenía ninguna otra preocupación.

Creció y en el 98 se permitió el lujo de escribir una primera parte de sus memorias que tituló, ¿Y mañana, qué? ¿Qué capítulos habría que añadir a ese texto si ahora mismo escribiera su continuidad?

Esta segunda parte se va escribiendo sola. Ese primer libro llegó un poco antes de que me casara y seguro que habrá una segunda parte o una continuación, porque soy de los que me apunto cosas todos los días, pero ahora mismo no tengo ninguna prisa por escribir nada más. Estoy empezando y no tengo ganas de cerrar ningún episodio.

La operación de trasplante de hígado a la que fue sometido seguro que tendrá un capítulo especial…

Bueno, para eso escribí un libro especial que se llama Quiero vivir. Esa operación significó para mí un renacer de todo, absolutamente de todo. Si ahora estoy aquí es gracias a eso (Sonríe).

Le plagio de nuevo, ¿y mañana, qué?

Mucho trabajo (Ríe). Pero encantado, no me pesa para nada.

Inicia una gira hasta el 2010, año en el que usted cumple los 50 años de vida profesional…

Sí, tenemos esta gira maravillosa hasta el 2010 y también hay otras cosas…

¿El personaje de Cyrano tiene que ver con algunas de "esas otras cosas"?

(Ríe). Puede ser, pero si te lo explico ya te lo sabrás de aquí dos años, y no querrás volver a entrevistarme.

¡Eso nunca Raphel!

Entonces nos vemos en dos años…(Sonríe).



Albert Domènech | Barcelona | 30/12/2008

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