BERNARDA DE UTRERA

 

BERNARDA JIMÉNEZ PEÑA, cantaora gitana, más conocida artísticamente con el nombre de BERNARDA DE UTRERA,  nació en  Utrera (Sevilla), en el año 1927.  Nieta de El Pinini y hermana inseparable de Fernanda de Utrera. Después de una etapa cantando solamente en reuniones y fiestas íntimas, debuta como profesional, junto a su hermana, con quien ha seguido actuando siempre, en los festivales sevillanos de 1955. La cantaora Bernarda Jiménez Peña, Bernarda de Utrera, falleció el día 28 de Octubre del 2009, a los 82 años, tras padecer una larga enfermedad que durante los últimos años la había tenido prácticamente recluida en su vivienda.

 




Para toda Andalucía
y toda España entera,
siempre será nuestra reina,
por tu arte y sabiduría
te ganaste la mejor afición
que existe en el flamenco,
orgullosos de siempre
tenerte con nosotros.



 

 

En 1957 forma parte del Tablao Zambra de Madrid, para hacerlo seguidamente en El Corral de la Morería. Premiada por bulerías en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, en 1957. Desde 1962 hasta 1964 actuó en el Tablao Las Brujas de Madrid. Participó en los espectáculos flamencos del Pabellón Español en la Feria Mundial de Nueva York, y finalizada esta celebración, fue contratarla para intervenir en el conjunto de Manuela Vargas, con el que recorre Europa y otros países de África
 


Utrera (Sevilla) mercado municipal, José Maria Ruiz Fuentes

 


Utrera (Sevilla)  en la foto José Maria Ruiz Fuentes


Contratada nuevamente por el Tablao Zambra, actúa con este cuadro en Túnez, en el año 1967. Canta en el Tablao Villa Rosa de Madrid, y en 1968, otra vez en el Zambra y en distintos festivales andaluces en los que sigue actuando. Entre sus actuaciones destaca su intervención en la Cumbre Flamenca de Madrid. Ha grabado en disco y sobresale especialmente por los palos festeros, habiendo obtenido el Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos de Jerez de la Frontera, compartido con su hermana Fernanda.
 

 

 

Los cantes profundos los hace con jondura, lástima que su registro de voz no es potente, pero lo compensa con su buen gusto al interpretarlos. Se ha destacado como muy especialmente en canciones y romances por bulerias. Actualmente hace muy pocas presentaciones, pero donde quiera que actúa, deja ver su arte.

 


monumento a las hermanas, Fernanda y Bernarda 


Fernanda y Bernarda en la foto José Maria Ruiz fuentes,
septiembre 2006

 

 

Ha muerto el cuplé gitano: Bernarda ya está con Fernanda
Silencio. Que ser pare el compás de los gitanos de Utrera. Que se detenga el tren del cante. Bernarda ha muerto del todo. Su primera mitad se fue con Fernanda. Ahora se va su alma, harta de agonizar en las sábanas de la nostalgia. Bernarda Jiménez Peña, una de las dos Niñas de Utrera, cantaora básica que tuvo la humildad de plegarse a las quejumbres abisales de su hermana, decidió reunirse con ella ayer, después de tres años padeciendo uno de los males más duros de cuantos hay: la falta de su ser más querido. Bernarda de Utrera ha muerto de pena. Llorando hasta el último segundo la ausencia de su guía. Cien años después de que viera la luz uno de sus mentores, aquel a quien le cantó por bulerías en septiembre del 83: «Callarse por un momento / ya se acabó el cante grande, / que ha muerto Antonio Mairena / que cantaba como nadie». Calladse por un momento. Ayer, con 82 años, murió Bernarda la de Utrera, la menor de aquellas hermanas que revolucionaron el cante con dos conceptos tan antagónicos como paradójicamente compatibles. Fernanda fue el grito de la alondra «malhería», como escribió Moreno Galván. Bernarda ha sido el compás. Porque, como ella misma recordaba ufana, «yo soy capaz de meter por bulerías la guía de teléfonos». «Entre lágrimas y penas / el silencio es un crespón, / a los gitanos de Utrera / les han partío el corazón», solía entonar a golpe de nudillos en cuanto se le achuchaba un poco. Pues si su hermana fue la diosa de la soleá, ella era la reina de la bulería. Y aunque ahora sea distinguida como una de las clásicas del cante, Bernarda ha sido grande por haber innovado. Metió a compás todos los grandes éxitos de la radiofórmula de su tiempo hasta conseguir ser condecorada como la mejor intérprete de cuplés por bulerías de la historia. Aunque reducirla a eso es ignorar su obra. Bernarda metió por fiesta cantes que antes apenas habían sonado en la campiña, como tarantas y malagueñas. Pero muchos sólo se percataron de su vasto conocimiento en su etapa final, cuando la enfermedad de su hermana la echó en solitario a los escenarios. Porque Bernarda vivió a la sombra de Fernanda, sin complejos. «Ella ha sido la más grande», repetía llevándose la cruz a los labios. Sin embargo, la niña chica de Utrera tenía otra fijación: Lola Flores. La llevaba en su pecho, colgada de una cadena que se va a la tumba con ella, y la mentaba a diario. Y entre Fernanda y Lola fraguaba su memoria. Recuerdos de aquella casa de Utrera mantenida gracias al matadero, donde su padre, José de la Aurora, las tenía a raya hasta que se las llevaron a Madrid primero y a la Feria Mundial de Nueva York después. La primera vez que salieron de Utrera fue prácticamente para cruzar el Charco. Todo a lo grande. Nostalgia de su madre, la chacha Inés Peña, hija del legendario Pinini, tronco por el que las hermanas enraizaban con las entrañas del cante de Lebrija. Memoria de aquella vez que vino a Utrera el Indio Gitano y después estuvo de fiesta en su casa para que las niñas se estrenaran cantando en el corral. Bernarda es la historia del flamenco del siglo XX. Una gitana que grabó por primera vez gracias a Antonio Mairena y que jamás le soltó la mano a su Fernanda mientras se buscaban la vida por las fiestas de Sevilla a mediados de siglo y por los tablaos de la capital a finales de los cincuenta. Bernarda es un grito despavorido desde un rascacielos de Nueva York después de varias semanas secuestrada en Manhattan: «¡Dios mío, dónde está Utrera!». Es una saeta al Cristo de los Gitanos saliendo de Santiago, catedral calé de su pueblo. Es un potaje del colegio salesiano. Es el duende o el misterio -que se reparta con su hermana la virtud- de la película de Edgar Neville. Es un debú discográfico en solitario con 73 años -grabó «Ahora» en 2000, cuando ya Fernanda no podía subir a las tablas-. Es otro disco, el segundo y último que hizo sin su hermana, dedicado por entero «A Fernanda». Es premio nacional de Córdoba, Medalla de Plata de Andalucía, hija predilecta de Utrera y Medalla al Mérito de las Bellas Artes. Bernarda Jiménez Peña es, sin lugar a dudas, una figura básica del flamenco y de la cultura andaluza. Una gitana que ha sido velada con gitanería, toda la noche en su casa, y que tendrá que ir a su capilla ardiente en el Salón de Plenos del Ayuntamiento porque no le queda más remedio. Allí estará impaciente desde las diez de la mañana, después del Pleno Extraordinario que Utrera celebrará en su honor a las 8:30, esperando con ansiedad la hora lorquiana del llanto. A las cinco de la tarde será sepultada junto a su hermana en el mausoleo que tienen en el cementerio utrerano. Por fin volverá a estar con ella. Con todo el linaje de los cantes de la calle Nueva. De la Serneta a Perrate, de Rosario la del Colorao a Gaspar, de Enrique Montoya a Manuel de Angustias. Del Turronero a Fernanda, su diosa, ésa a la que ahora le canta por soleá: «A quién le voy a contar yo / las fatiguitas que estoy pasando, / se las voy a contar a la tierra / cuando me estén me enterrando». Calladse por un momento. Ya se acabó el cante grande. Bernarda le está entonando a Fernanda los cantes de su pueblo: «Tengo el gusto tan colmao / cuando te tengo a mi vera / que si me dieran la muerte / creo que no la sintiera». Claro que no la siente, Bernarda está hoy de fiesta. El cuplé gitano celebra, por fin, su reencuentro con la soleá.
ALBERTO GARCÍA REYES. SEVILLA  Jueves , 29-10-09.  Bernarda de Utrera, en una imagen de archivo.

 

Bernarda de Utrera, la niña rebelde del flamenco, fallece a los 82 años
La hermana de Fernanda se hizo popular por sus bulerías, pero era también una gran intérprete de seguiriyas · Nieta del Pinini, era depositaria de estilos propios de la zona
La cantaora Bernarda Jiménez Peña, Bernarda de Utrera, falleció ayer a los 82 años, tras padecer una larga enfermedad que durante los últimos años la había tenido prácticamente recluida en su vivienda.   Bernarda de Utrera, hermana de Fernanda, era la más libertaria de las dos, la más rebelde. Es probable que, sin esta rebeldía suya, tampoco Fernanda hubiese llegado a cantar en Duende y misterio del flamenco (1952), la película de Edgar Neville que dio a conocer a las hermanas, las niñas de Utrera, a la afición. Y es que el padre se oponía a la profesionalización de ambas, conocedor de que la vida de artista marca una forma de estar en el mundo, esa "extraña forma de vida" que diría Amalia Rodrigues. Permanecerá su cante, y también su cuerpo y sus opiniones, en el capítulo que le dedicara la serie de TVE Rito y geografía del cante, a principios de los 70. Menuda, dicharachera, nerviosa, con un lenguaje atropellado y vital que no dejaba títere con cabeza, ni siquiera la suya propia: "Aunque a la gente le gusta más mi cante que el de mi hermana, la gente está equivocada. Fernanda es más pura". Eso era en los 60 y 70, cuando Bernarda se hizo enormemente popular con esa forma suya de decir el cuplé y el bolero suramericano, sobre todo el bolero, por bulerías. Esa extraña forma de vida que daba lugar a los amores arrebatados, desgarradores, del bolero gitano. Por eso Almodóvar la eligió para cantar Se nos rompió el amor al ritmo mecido de la fiesta utrerana en uno de sus filmes. Pero, a la larga, la soleá de Fernanda la relegó a un cierto segundo plano en el que no se encontraba nada incómoda. La suya era una extraña forma de vida, como revelaba su bolero. Y ella era una mujer de carácter, de opiniones contundentes. Por eso le vino bien este segundo lugar que lo alejaba de la impudicia. Por eso no cantó la soleá en público hasta que enfermó Fernanda. Los que dicen que era una mera festera no perciben la tremenda tragedia que late en sus cuplés. Por eso, no hace falta escucharla por seguiriyas para desmentirlos. Y sí, hace falta, porque es una de las grandes seguiriyeras de nuestro tiempo. Es así, no les quepa duda. Su forma de decir el cante es heterodoxa, pero su quejío es carne viva de la pena. De la rabia. Hace unos años, a raíz de la enfermedad de su hermana, sintió un repentino deseo de volver a cantar en público. Y, así, volvió de su retiro, con su hermana muy enferma, con dos discos impresionantes en solitario y en mejores condiciones vocales que cuando se había retirado, años antes. Tenían que subirla al escenario y situarla frente al público, pues su enfermedad le había causado una ceguera casi total. Pero seguía emocionando, como siempre. La última vez que la vi fue en el velatorio de su hermana. Estaba risueña, vital, como siempre. Categórica, como siempre. Su actitud era toda una lección vital frente al luto de compromiso que dominaba aquella tarde el Ayuntamiento de su ciudad natal. ¿Quién podía estar más dolorida sino ella, que había sido casi siamesa de Fernanda? En 1964 fueron a la Feria Mundial de Nueva York. Cuentan que asomada a la Estatua de la Libertad, con el ancho mar enfrente, le preguntó a su acompañante, "¿Por dónde queda Utrera, primo?".  Bernarda (Bernarda Jiménez Peña, Utrera, 1927) fue premiada en 1967 en el Concurso Nacional de Córdoba y posee distinciones como la Medalla de Oro de Andalucía o Hija Predilecta de Utrera. En su pueblo tiene una calle con su nombre y el de su hermana. Festera genial, Bernarda era además depositaria de algunos de los estilos característicos del área utrero-lebrijana en su condición de nieta del Pinini. Así las cantiñas atribuidas a su abuelo o los fandangos a ritmo de soleá. Ha muerto Bernarda de Utrera, una de las grandes.
Juan Vergillos / SEVILLA | Actualizado 29.10.2009. En la foto,  Bernarda de Utrera, en una actuación en la Bienal en 2000.

 

Emotivo adiós de su pueblo a la cantaora Bernarda de Utrera
Desde que se instaló la capilla ardiente de la cantaora Bernarda de Utrera, en el Ayuntamiento de su localidad natal, numerosas personas del mundo del flamenco, los toros, la cultura y la política pasaron ante el féretro durante la mañana y primeras horas de la tarde de ayer para rendirle el último homenaje y mostrar las condolencias a la familia. Poco antes de las cinco de la tarde, los restos mortales de la artista utrerana, llegaban a la iglesia parroquial de Santiago el Mayor, a hombros de sus familiares, entre llantos y aplausos de un público que no quiso perderse el último viaje de la cantaora más emblemática de la ciudad. El funeral fue oficiado por el delegado episcopal de la Pastoral Gitana, Emilio Calderón, en medio de la religiosidad y un silencio, que fue roto por el llanto más profundo de los familiares. El sacerdote dijo en la ceremonia que Bernarda era el complemento de su hermana Fernanda «como la seda y el percal» añadiendo que «ambas estarán cantando ya en el cielo coplas en una gran fiesta gitana». Al final de las exequias, el féretro, cubierto con el manto de la Virgen de Consolación y las banderas gitanas y andaluza fue llevado ante las imágenes titulares de la Hermandad de los Gitanos, de cuyo Cristo de la Buena Muerte, Bernarda era camarera honoraria perpetua. Entre los asistentes, además del alcalde de Utrera, Francisco Jiménez, y los miembros de la Corporación municipal, se encontraban la consejera de Cultura, Rosa Torres, acompañada del delegado provincial, Bernardo Bueno; el director de la Agencia Andaluza del Flamenco, Francisco Perujo; el director del Instituto de Cultura Gitana, Diego Fernández, y Manuel Copete, entre otras personalidades. Durante el recorrido hacia el cementerio, que tuvo lugar en coche fúnebre, la comitiva se detuvo ante el monumento de Fernanda y Bernarda, situado en la Plaza Ximénez Sandoval, ante cuya estatua unos familiares de la artista depositaron dos coronas de flores. Así, en el enclave que la había visto nacer, cantar y morir, Bernarda se despidió de su pueblo, dejando la estampa más flamenca y hermosa de la tierra.
JOSÉ MANUEL BRAZO MENA. UTRERA Viernes , 30-10-09.  en la foto, B. M. El féretro de Bernarda de Utrera fue cubierto por el manto de la Virgen de Consolación

 

EL ARTE DE VIVIR EL FLAMENCO,  rinde honores por la muerte de una de las ultimas gitanas que  se quedo en nuestra historia del flamenco, con ella se fue toda la pureza y grandeza del cante, a La Cantaora Bernarda Jiménez Peña, conocida mundialmente con el nombre artístico de BERNARDA DE UTRERA,  con el mayor sentir se une a todos sus familiares y a toda la afición de la Artista del mejor cante flamenco, con el recuerdo de los siglos por los siglos. Este homenaje como el mayor recuerdo

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AUDIO


Homenaje a Bernarda de Utrera
 En un Cante por

FANDANGO POR SOLEA

 Acompañada por Pedro Bacán
 Duración 3:58
1 de Julio de 2006

Autor: José María Ruiz Fuentes

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