PEPE MARCHENA
 


JOSÉ TEJADA MARTÍN, cantaor payo, conocido con el sobrenombre artístico de NIÑO DE MARCHENA,  y también como PEPE MARCHENA, nació en Marchena (Sevilla) el día 8 de noviembre en el año de 1903, y murió en Sevilla en 1976.  Fue el principal representante de la divulgación del fandango de su repertorio creativo de todas las provincias andaluzas, engrandeció su forma del fandango de su propio repertorio de maestros de maestros, de esa época grandiosa de la ópera flamenca. Su cante a base de gorgoritos, falsetes y recitados era una forma única de este gran cantaor.

 

Pepe Marchena con su maestría
para todos los cantes,
fue maestro de maestros
como el mismo nos decía
con mucho arte y sabiduría,
por su bondad y su buen corazón
fue querido por toda la afición,
llenando todos los escenarios
porque todos los públicos
le admiraban y le querían
llenándoles de aplausos,
por su arte y su gran humildad
fue querido por toda la afición
de España y del mundo entero
que dios le tenga en la gloria
con un monumento en el cielo.
 

En sus primeros comienzos de su infancia fue borriquero, aprendiz de herrero y tabernero, trabajos que alternaba con su dedicación a cantar por las noches en los bares y ventas, pasando al final la bandeja. Su debut profesional tuvo lugar en Fuentes de Andalucía, donde ganó un concurso de aficionados, pasando a actuar en La Puebla de Cazalla, Morón de la Frontera y Osuna, siendo seguidamente contratado, cobrando cinco duros diarios, en el Café Novedades de Sevilla.

 

 

Debuta en Madrid en año 1921, en el merendero Casa Juan, sito en La Bombilla, junto a El Canario de Colmenar y La Lavandera. El empresario Carcellé lo lleva al Teatro La Latina, con un sueldo de doscientas pesetas diarias. Graba su primer disco, toma parte en la comedia lírica Málaga, ciudad bravía, en el Teatro Martín, con Ramón Montoya. Con aquellas mismas fechas canta durante varios días en el Teatro Novedades de Madrid. Otra actuación histórica de Pepe Marchena, se produjo en Sevilla, en 1925, durante la inauguración del Hotel Alfonso XIII, en presencia de los infantes don Carlos y doña Luisa, en compañía de Chacón, Ramón Montoya, Currito de La Jeroma, Luisa Requejo y otros destacados artistas de la época. Durante toda su carrera artista graba una inmensa discografías.

 

 

 

En 1925 en un concurso celebrado en el Teatro Pavón de Madrid, gana el tercer premio. En 1926 forma parte de un elenco flamenco en el que figuraban Chacón, Escacena, Manuel Pavón, El Chato de Las Ventas, Centeno y el guitarrista Perico el del Lunar. Recorrió toda la geografía española, con este espectáculo y realiza una gira por la costa mediterránea, debutando  en Valencia y Barcelona. Desde estas fechas hasta la guerra civil, alterna sus participaciones en los espectáculos llamados ópera flamenca, con otros teatrales de flamenco, entre ellos La copla andaluza, en el Teatro Pavón de Madrid.

 

Foto que me regalo como una cosa muy especial mi gran amigo Carlos Rodríguez Diez, gran aficionao a este arte, casado con Teresita una de las bailaoras de primer cartel entre los más grandes de su época.

 

En 1935, año que interpreta la película Paloma de mis amores. Meses antes de iniciarse la guerra, en 1936, monta la obra Cancionero de los hermanos Álvarez Quintero. Pasada la guerra, se estrenan dos películas suyas La Dolores y Martingala, en 1944, La copla andaluza, en el Teatro Fontalba de Madrid, seguida de El alma de la copla. En el 1945, encabeza la compañía del empresario Juan Arana, con Vallejo, Canalejas de Puerto Real, Pepe Aználcollar, Ramón Montoya y Niño Ricardo, y en noviembre del mismo año se presenta en el Teatro Avenida de Buenos Aires, con el espectáculo Feria de Sevilla, de Guillén y Ribas, en unión dc Carmen Amaya, permaneciendo tres meses consecutivos, alternados con actuaciones en Radio Belgrano, y finalizando su gira en Montevideo y Río de Janeiro.

 

 


Se le tributa un homenaje en su ciudad natal, rotulándose una calle con su nombre, en 1952, y en el otoño dicta conferencias sobre el arte flamenco en diferentes puntos de España, En 1974, se celebró en Marchena un festival en su homenaje, con la actuación especial de Juanito Valderrama y Perlita de Huelva. En noviembre de 1976, ya gravemente enfermo de cáncer, se le concede la Medalla de Oro de su ciudad natal, y Juanito Valderrama organiza en Madrid un festival en su beneficio, que se celebra el día 28 del mismo mes, en el Teatro Alcalá-Palace, festival en el que intervienen un gran plantel de figuras del arte flamenco y de la canción andaluza. Pepe Marchena hizo pública la siguiente despedida: «A los artistas que cariñosamente han intervenido en este acto y a todos los públicos dé España.

 

 

 

Aquel mismo día que mi hermano Paco y yo abandonábamos aquellas tierras Africanas, Pepe Marchena el 22 de Octubre de 1959, actuaba en el Teatro Español de Tetuán (Marruecos). representando un gran cartel de cantaores y artista. Luego en Madrid le vimos en muchas ocasiones,  sobre todo en el Circo Price, siempre acompañado con un buen elenco de Cantaores y artistas. Pepe Marchena era muy elegante en el vestir, solía cambiarse de traje en cada actuación, tenia también la costumbre de llevar el compás del cante con el anillo del dedo sobre el micro.  Al agravarse su estado de salud, fue trasladado a Sevilla, donde falleció el día 4 de diciembre.murió en Sevilla en 1976. En 1986, se le erigió un monumento en su tierra, obra de Rafael Armenta.

Un libro y un DVD recorren toda la vida del cantaor Pepe Marchena
La obra, escrita por el periodista y flamencólogo Gonzalo Rojo, fue presentada en la localidad natal del cantaor, que estuvo considerado como rey del fandango
La Fundación Unicaja presentó ayer en Marchena (Sevilla)el libro La dimensión infinita de Pepe Marchena, del periodista, escritor y flamencólogo Gonzalo Rojo. El libro, la obra más completa dedicada a este cantaor, narra la vida del ilustre cantaor de flamenco José Tejada Martín, más conocido como Pepe Marchena, uno de los personajes más carismáticos y populares de España, desde su infancia en su Marchena natal hasta sus últimos días en Sevilla e incorpora dos CDs con sus primeras grabaciones y dos películas (en sendos DVDs) protagonizadas por el genio del cante. El libro fue presentado por el presidente de Unicaja, Braulio Medel, el director de la Obra Social, Felipe Faraguna, el alcalde de Marchena, Juan María Rodríguez y por el autor del libro, Gonzalo Rojo 'La dimensión infinita de Pepe Marchena recoge con exactitud y rigor la historia de uno de cantaores más célebres de España. El autor reúne en cerca de 500 páginas y más de 350 fotografías aspectos de su vida, de su producción discográfica, de su genialidad creadora y de su amistad con destacados cantaores y músicos de la época como el trianero Rafael Pareja, Pepe Pinto, el Cojo de Málaga o la Niña de los Peines, entre otros. Dentro de la trayectoria profesional del cantaor marchenero, Gonzalo Rojo destaca el año 1924, año en el que Pepe Marchena participa en el segundo acto de la comedia lírica Málaga, ciudad bravía, de Manuel Ruiz Aguirre y Luis Martínez Tovar, representada en el madrileño Teatro Martín, y que supuso un éxito en su carrera. No obstante, el autor hace un repaso a las distintas fases que se contemplan en la trayectoria discográfica del cantaor: la etapa más clarificadora y ejemplar, que abarca desde 1924 hasta la preguerra civil, concretamente hasta el año 1934, en el que se presenta en el cine Capitol de Madrid y las etapas que transcurren entre 1941 y 1946 y de 1947 a 1963, períodos en los que se decanta por el divismo y el neolirismo. Pepe Marchena (Marchena, 1903-Sevilla, 1976) cuenta con una intensa producción discográfica en la que abarcó todos los cantes, aunque es el fandango el estilo al que dedicó más atención, llegando a ser conocido como el Rey del fandango. Parte de esa producción discográfica se recoge en los dos CDs que acompañan al libro y en los que se incluyen 40 grabaciones recopiladas de los primeros trabajos discográficos de pizarra del cantaor con sonido remasterizado y filtrado. El cantaor marchenero también participó en el cine, protagonizando varias películas junto a destacados cantantes de la época como Lola Flores o Antoñita Moreno, con quienes protagonizó Martingala y Reina mora, respectivamente, y que también se incluyen en la obra presentada ayer. Gonzalo Rojo nació en Coín (Málaga). Estudió Magisterio; profesión que abandonó para dedicarse al periodismo. Ha trabajado en Radio Juventud, más tarde RNE, y en la sección Oído al cante en el diario Sur de Málaga. Es autor de libros como Cantaores malagueños, Mujeres malagueñas en el flamenco, La Jimena de Coín o Antonio de Canillas.
Redacción / Granada | Actualizado 05.06.2009. En la foto, Pepe Marchena, a la izquierda, junto a Juanito Valderrama y Dolores Abril.
 

Las bodas de Marchena
Una nueva edición sobre el cantaor más revolucionario del flamenco, producida por el coleccionista Manuel Cerrejón, incluye un documento cinematográfico familiar inédito
Marchena sigue seduciendo. A 110 años de su nacimiento, y 37 de su muerte, sigue siendo uno de los referentes fundamentales del flamenco. Su estela se puede apreciar en el cante de artistas tan dispares como Miguel Poveda, Estrella Morente, Arcángel o Rocío Márquez quien, por cierto, se halla inmersa en la grabación de un disco con el repertorio del cantaor marchenero que se publicará en 2014.  El Niño de Marchena y Pepe Marchena son los dos nombres artísticos que utilizó José Tejada Martín (Marchena, 1903-Sevilla 1976), uno de los más importantes intérpretes de este arte, el más en opinión de muchos. A pesar de ello la discografía de nuestro intérprete sigue encontrándose hoy en una situación bochornosa, en especial la de su primera época, la obra anterior a la Guerra Civil. Marchena, sin dejar de ser nunca preciosista, lúdico y vital, resulta más melancólico que trágico, cosa que algunos confundieron con falta de profundidad. Una audición minuciosa de su obra grabada nos permite el raro privilegio de asistir al proceso en vivo y ante nuestros ojos de la historia de este arte. Marchena transfiere su person
alidad libérrima a todos los estilos, conociendo a conciencia el legado clásico. A pesar de lo cual, y en este sentido su proceder es flamenquísimo, Marchena crea su propia tradición. No hablo, o al menos no principalmente, del marchenismo, sino de la música y la lírica popular. Marchena acarrea hacia el cante material de diversa procedencia popular, española e iberoamericana, que eran tradiciones por él manejadas y vividas. El ejemplo más extremo es el de los mal llamados cantes de ida y vuelta. Sus grabaciones parten de su conocimiento de las fórmulas decimonónicas, pasando por las versiones más evolucionadas de Escacena para estilizarse y hacerse personales más tarde, con sus propias contribuciones al género. Asistimos así al prodigio del nacimiento de un nuevo cante, último en incorporarse al canon flamenco: la colombiana. Ello ocurre en una grabación de 1931, la primera llevada a cabo de este palo, un dúo con el Niño de la Flor, que incluye esta edición. La denominación del estilo es puramente casual ya que nada tiene que ver con Colombia: José Manuel Gamboa aclaró que las músicas y los textos en los que se basó Marchena para crear la colombiana proceden de México y del País Vasco. De hecho en una de las primeras grabaciones por colombianas de Marchena encontramos el subtítulo Cante de Guatemala, lo que evidencia la indefinición nominal del cante en esta primera época. Simplemente el primer disco grabado con este palo se titulaba Mi colombiana, como podía haberse llamado de otra manera. Marchena era así: genial, anárquico, raro, estrambótico y elegante. Bello y zumbón. Su creatividad consistía, en gran medida, en estilizar un repertorio cancioneril. Hay que destacar en estos primeros registros de Marchena la colaboración de Ramón Montoya, que los convierten, como a todos sus trabajos a dúo, en auténticas joyas de sutileza, estilización y virtuosismo. Un caso insólito de compenetración.
Juan Vergillos | Actualizado 05.01.2014 -  El Niño de Marchena junto a Ramón Montoya en una de sus primeras grabaciones, en los años 20. Continua en el periodico

 

Mito y realidad de Marchena
La Federación de Peñas de Sevilla, junto con la Diputación de Sevilla y el Instituto del Flamenco, publican las obras completas en pizarra del mítico cantaor Niño de Marchena
Obras completas en 78 rpm. Niño de Marchena. 17 CD y Libreto. Ed. Juan Castañeda. Textos: Manuel Martín Martín. Federación de Peñas / Diputación / Instituto del Flamenco. Marchena sigue seduciendo. A 111 años de su nacimiento y 38 de su muerte, sigue siendo uno de los referentes del flamenco. Y no sólo eso. Sino que el magnífico publicista que fue Marchena ha sometido a todos, a sus seguidores pero también, y creo que en una medida aún mayor, a sus detractores. Cuando hablamos de Marchena siempre tenemos que hablar de polémica. Porque fue un artista de éxito, fundamentalmente, y libre. Marchena dijo aquello de que él le dio dignidad al cante, lo vistió de limpio, le dio sex appeal "como dicen los franceses" (sic) y sus detractores lo creyeron. Y fundaron en ello su crítica, su tarea de destruir el mito cantaor que fue: Marchena sacó el flamenco de su ámbito legítimo, íntimo, e hizo de él un arte de masas. Lo cierto es que hubo otros publicistas antes de Marchena, empezando por el creador mismo del cante flamenco, Silverio Franconetti. Si Marchena se llama a sí mismo "maestro de maestros", Franconetti se concedía el título de "Rey de los cantadores andaluces". Por cierto que Franconetti jamás usó en su abundante publicidad la denominación de flamenco, nombre que no era del gusto de Marchena, precisamente. Si Marchena cantó en teatros antes de él lo hicieron Vallejo, la Niña de los Peines, Chacón, El Mochuelo, Franconetti …. todos los cantaores de éxito anteriores a él. Pero Pepe Marchena quiso crear un mito, un antes y un después. Y sus detractores le siguieron el juego, todavía se lo siguen. Marchena sigue seduciendo. El Niño de Marchena y Pepe Marchena son los dos nombres artísticos que utilizó José Tejada Martín (Marchena, 1903-Sevilla 1976), uno de los más importantes intérpretes de este arte, el más en opinión de muchos. Esta edición, fruto del empeño de José María Segovia, presidente de la Federación de Peñas de Sevilla, viene a deshacer uno de los agravios más sangrantes de la historia del flamenco al poner en orden y al alcance de todos los aficionados la discografía marchenera, en especial la obra anterior a la guerra civil.  Una de las conclusiones que arrojan estas obras completas en pizarra es la confirmación de una obviedad: ciertamente el Niño de Marchena grabó infinidad de fandangos, una buena porción de cantes de levante y de los llamados americanos, esto es, guajiras y milongas, amén de la colombiana que inventara. Pero también registró profusamente seguiriyas, soleares, malagueñas, bulerías por soleá, cantiñas… Marchena siempre escapa de su propio tópico, independientemente de que el origen del mismo sean sus detractores, sus seguidores o él mismo. El maestro de maestros jamás queda atrapado en su propio verbo y una prueba evidente son los rótulos fantásticos de sus discos: tangos clásicos de los Montes de Toledo, Aires de la Sierra de Baena, Cante de la Campiña de Osuna, Cantes del Ecuador, Canción de los Luises del siglo XVIII, Aires de la Sierra de Almodóvar… se trata de una gustosa ironía contra los excesos de atribuciones de la flamencología de la época. La diferencia es que Marchena es plenamente consciente de que sus genealogías son fantásticas. ¿Cómo se articula esto con la minuciosa atribución que ofrece esta edición en su libreto? El oyente-lector tiene la última palabra al respecto. Otra conclusión que arroja esta obra es que esa descomposición, en el mejor o peor sentido del término, según quien hable, y la desjerarquización que se le atribuyen a Marchena eclosionan en una época tan descompuesta de la historia de España como la posguerra: de los 24 cantes que graba en los 40, 6 son las llamadas "creaciones personales", es decir, esa soberana mezcla de géneros que grabaron en la posguerra muchos intérpretes del momento: el Pinto, Valderrama, Niño de Utrera… Aunque el género había nacido antes. En todo caso, después de este súbito desorden, que era el desorden de una España arrasada, sin rumbo, sin presente ni futuro, y sin pasado por tanto, grabó esas Memorias antológicas donde, entre 55 cantes, no impresionó su colombiana. Las obras completas en pizarra de Pepe Marchena ilustran y puntualizan muchas cosas. Aunque no queda clara la discografía completa de Marchena. Es decir, ¿hizo alguna grabación en vinilo, además de la antología citada? Parece que no pero, como digo, no queda claro este extremo. El quid de la cuestión es la frase que El Planeta le espeta al Fillo y que recoge Estébanez Calderón en sus Escenas andaluzas: "esa voz del Broncano es crua y no de recibo, y en cuanto al estilo ni es fino, ni de la tierra". Desde los 40 y 50 la flamencología se ha edificado sobre la idea de que el flamenco primitivo es crudo, austero, esencial, radical y viril. La realidad, que hoy es accesible gracias a los cilindros de cera, es que el flamenco de los orígenes, el decimonónico, el flamenco del Planeta, que nunca cantó por seguiriyas por cierto, de Silverio y Chacón, era un flamenco atenorado, belcantístico, fino, lírico, pleno de recursos vocales y que, en este sentido, Marchena, como Vallejo o Valderrama, son legítimos herederos del mismo. Lo cual no quiere decir que el flamenco de la posguerra no sea un invento maravilloso del que no podemos prescindir. El flamenco, como arte romántico, ha encumbrado el pasado mítico, el pasado inventado, y la mayor parte de sus genealogías actuales son tan reales como el Ossian de McPherson. Que existiera otro flamenco crudo oculto es, no ya una cuestión de fe, sino algo que no se ajusta a la realidad estética del periodo: son unos valores contemporáneos que, para justificarlos, situamos extemporáneamente en un pasado idealizado, irreal. El flamenco crudo es irreal pero eso no quiere decir que sea falso. Tiene que ver con nuestra esencia como seres humanos, no tanto con nuestra historia decimonónica. Tiene más que ver con la historia contemporánea, las guerras civiles y mundiales del siglo XX, que con nuestro pasado remoto. En este sentido Marchena, más que un descomponedor y un desjerarquizador es, como digo, un legítimo heredero de un arte que, desde sus orígenes, es una mezcla de elementos gitanos, americanos, negros, orientales, franceses, italianos y hasta españoles y andaluces. Quizá Marchena no lo supo de una manera intelectual pero lo vivenció en su arte, en su capacidad para aunar tradiciones propias y ajenas en el crisol rotundo de su garganta privilegiada. Porque quiso y porque pudo. Esta edición lo muestra a las claras.
Juan Vergillos | Actualizado 08.02.2015 - en la foto Pepe Marchena con Carmen Amaya (izquierda) y Concha Piquer.

 

La voz que cambió la historia del flamenco
Redigitalizadas en pizarra las obras completas del cantaor, Pepe Marchena dotó al género de libertad , El marchenero inauguró la independencia musical en el flamenco
Si la sabiduría del flamenco se encuentra donde se ha eliminado lo que no es esencial, es porque hubo artistas que, como Pepe Marchena, fueron conscientes de que sólo cuando ellos murieran el mundo se enteraría de todo lo que había vivido. Transcurridos 38 años de su muerte, ha tenido que ser una entidad privada, la Federación de Peñas Flamencas de Sevilla y su Provincia, la que salve del olvido la obra completa en discografía de pizarra del ilustre músico, obra redigitalizada por Fonotrón con la actualización biográfica por parte de quien firma así como el estudio analítico de los 266 cantes que la conforman. El colectivo peñístico, presidido por José María Segovia, ha visto de esta forma cumplido un sueño que parecía imposible, y los adictos a lo jondo van a encontrar en este trabajo de investigación y sus 17 CD adjuntos, una obra de consulta indispensable para profundizar en cuanto acaeció, principalmente, en el segundo tercio del siglo XX. Empezo, la vida de Pepe Marchena principió como las grandes faenas, a las cinco de la tarde del 8 de noviembre de 1903 según el DNI y en la localidad de Marchena, testigo mudo de una vida traspasada por sus más variadas realidades experienciales y su devoción por el mundo de la música. Fue bautizado con los apellidos maternos, dado que fue hijo prematuro, y las circunstancias le obligarían como primogénito a incorporarse a edad temprana al mundo laboral, además de buscarse la vida cantando por tabernas y ventas pasando el platillo. Empieza a ganar adeptos a la edad de 13 años y su vigoroso aliento sostenido alcanza desde el sevillano Café de Novedades a su debut el año 1921 en Madrid. Pero es a partir de 1924 cuando Pepe nos enseña que lo satisfactorio no es hacerse notar, sino ser diferente. Sus cantes -era reclamado como "rey de los fandanguillos"- subían en la proporción en que se multiplicaban sus seguidores, que ya encontraban en él a su gran médium, lo que explica que se codeara con las más relevantes figuras, desde reyes a los más grandes políticos, actores, nobles y maestros de su tiempo. Preocupado por ser él mismo desde que comprobó que los maestros que le precedieron eran inmejorables, su plan fue crear una marca identitaria, lo que explica que apresara la inteligencia del público no satisfaciendo las emociones del artista, sino contentando al divo que llevaba dentro y devolviendo melodías sentimentales a los auditorios, ávidos de estar ante una fábrica de sueños. A tal fin, añadió al guiso flamenco la sal armónica que demandaba para el consumo; creó prosélitos y estimuló de continuo sus apetencias evasivas, es decir, abordó los sonidos más calmados y experimentales con el impacto natural más feroz de la vida cotidiana o de hechos históricos como la guerra civil; abrió nuevas vías de promoción introduciendo el elemento publicitario como herramienta no para rebasar la línea que reflejan los valores sociales, sino para no aburrir a la gente, y si fuese necesario, como así ocurrió, subirse al tren comercial.
 'Alma popular'
Aun así, el libro de los gustos flamencos está abierto para todos, y aunque muchos de sus coetáneos, por no decir la inmensa mayoría, ponderaban su generosidad y aplaudían su arte escénico al mismo tiempo que lo acusaban de no ser jondo e incluso de no conocer en profundidad todos los cantes, acusación tan falsa como irrisoria, ningún cantaor histórico ha enloquecido más al público y ha ahondado más en el alma popular que el Niño de Marchena, por lo que regatearle los méritos a quien se los ganó durante toda una vida en el escenario sea una temeridad. Pero más allá de pisar sobre sus huellas hoy revisadas, lo que interesa señalar es que estamos ante el cantaor que dotó al flamenco de un bien hoy incontestable, la libertad, y la voz, por tanto, que inaugura la era de la independencia musical en el flamenco, el sueño de todo artista que se precie y que reúna condiciones no ya para tomar decisiones acerca de su profesión, sino para la creación, el acto reservado para quien, aun viviendo dentro de una cultura endógena, se convierte en una entidad influenciable y no producir indiferencia en el resto de la colectividad.  Reconozco, por último, que como crítico exigente me resulta imposible llevarle la contraria al cantaor que mayor dimensión artística logró en su tiempo, al compositor que consiguió la mágica química de crear lo que el público quería escuchar y hacerla coincidir con lo que él quería cantar. Y, en definitiva, al ilustre andaluz que bordó en la bandera del cante el don de la libertad y que convenció a su legión de seguidores con un axioma para la historia: cuando nos alcanza la emoción, las normas se mandan a la mierda,... con perdón.
El primer cantaor-actor conocido
Finales del primer tercio del siglo XX es una época flamenca en la que no se trataba sólo de ser, sino de saber estar. Y el Niño de Marchena se propuso acostumbrar a la sociedad de entonces a vivir con él y despertar en el auditorio emociones indescriptibles que fueran capaces de acercar al público a su figura artística, por lo que no desaprovechó ninguna oportunidad. Pepe tenía, además, empaque de señor, pero no de petulante señorito, y qué duda cabe que se sabía artista porque hasta andando marcaba el paso distinto a los demás, de ahí que el interés mediático por el Niño de Marchena se fuese acumulando con el tiempo y que sus imitadores se expandieran como una plaga, dado que si protagonizaba los más importantes espectáculos de la Ópera Flamenca, igual ideó la teatralización del flamenco, movimiento que supo aprovechar contando para ello con avispados empresarios, tales como Vedrines y su cuñado Alberto Monserrat. En efecto. El Niño de Marchena fue el primer cantaor-actor del flamenco, e incluso llegó en 1935 a debutar como autor, actor y cantaor, algo insólito en la historia. Y es que Pepe, que era un personaje en sí mismo, no es que quisiera ser actor, tenía espíritu de actor, se sabía actor. Pepe propagaba un estilo cantaor. No vendía el cante, sino una manera de expresar e interpretar el cante. Él era el consumo de los dominantes, el del público que pasa por taquilla, ese público al que se penetra en el subconsciente con miles de trucos y técnicas de persuasión que sólo disponen no los grandes cantaores, sino los artistas, los genios.
MANUEL MARTÍN MARTÍN Sevilla. Actualizado: 24/02/2015 en la foto El cantaor Pepe Marchena, cuando tenía 20 años.

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Homenaje a  José Tejada (Niño de Marchena)
En un Cante por

FANDANGOS DE LA PLAZA DEL POTRO

Acompañado por Paquito Simón
Duración 2:38

Autor: José María Ruiz Fuentes

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