GOLONDRINA
 

MARÍA GRACIA CORTÉS CAMPOS, bailaora gitana, más conocida en el mundo del más puro arte del baile gitano con el apodo de GOLONDRINA, nació en Granada en el año de 1843. Figura mítica de la zambra. Era hija de un herrero. A los once años ya bailaba en las zambras que organizaba el Cujón. Actuó con su zambra en la Exposición Internacional de Londres. Por siguiriyas y por soleares brillaba singularmente. José Carlos de Luna dejó un relato estremecedor en que uno de los protagonistas fue esta Golondrina, anciana de setenta y nueve años de edad. Era 1922, durante la celebración del famoso Concurso de Cante Jondo, y los hechos ocurrieron en el curso de una fiesta privada que tuvo lugar en un Carmen de la Alhambra.

Me quito el sombrero,
para arrodillarme a sus pies,
bailaora como la golondrina
nunca se volverán a ver,
quedara en la historia
como una de las grandes
que España ha tenido,
para el mejor arte del baile
 que tenemos en los siglos.

Cantaba Chacón y le acompañaba Montoya. "Frente a nosotros, agazapada en el suelo como un montoncillo de picón, lloraba mansamente una viejecita, prendida en las soleares de Enrique el Mellizo que Chacón decía como los ángeles (...) Levantóse la viejecilla gitana y dirigiéndose a Montoya le dijo sin preámbulos: '¡Niño! Sigue por el mismo toque que voy a bailarlas! Extraña, aquella ruina que para honrar la fiesta lucía sus galas de señora; vestido casi pingajoso de seda negra y encajes crema, un pañolito de talle de crespón celeste bordado de rosas pajizas, unos deformados zapatos de lona blanca y chato tacón de cachurrilla... ¡Era un espantapájaros!, y... sin embargo, ¡tenía un no sé qué de garboso empaque! (...)


vista de la alhambra desde el barrio del Sagromonte


Granada, vista de la alhambra


Comenzó Montoya por el toque del Jerezano, y solo tres o cuatro cañís, entre los 30 ó 40 que se desojaban mudos de respeto, se lanzaron a componerle el son. La vieja, derecha como un álamo, levantó los brazos y echó atrás la cabeza con majestad impresionante; sus ojos de color violeta no pestañeaban, y en el encopetado moño de su pelo, casi negro, apenas temblaba un ramito de blancas azaleas al cobijo de la peineta de pasta rosa. Principió a bailar y todos sentimos ese soplo de raro viento que eriza el vello y da escalofríos. Apareció en Montoya la sonrisita de estupor, y Chacón, que nunca cantaba para bailaores, temblándole el labio -su tic de emocionado- se arrancó por las soleares de Ramón el de Triana, que se pegan al baile como un volante más del vestido a las piernas que lo mandan y airean. ¿Qué era aquello? Esbelta, garbosa, señoril... ¡bellísima! Con su cara de imagen nuevecita, enderredor de la que como palomas zarcas revolotean sus manos; casi sin rozar el suelo, escobilleó con el repulgo que piñonea la perdiz y el mimoso respeto con que se besa el recuerdo de una madre."


Recuerdo de Granada


Mapa de Granada


María Gracia Cortés Campos fue fundadora en el arte de una importante dinastía del flamenco granadino. Casó con Miguel Amaya Cortés, un tratante de ganados con el que tuvo tres hijos: Miguel Amaya Cortés, que fue cantaor; la segunda Golondrina, Carmen Amaya Cortés, bailaora desde los once años y especialista como la madre en soleares y siguiriyas, que estuvo bailando en el Pueblo Español durante la Exposición Internacional de Barcelona; y Dolores Amaya Cortés, La Colina, excelente bailaora de farruca y garrotín. La tercera y la cuarta generaciones abundan igualmente en artistas flamencos. La tercera Golondrina, María Fajardo Amaya, debió ser la que el pintor André Villeboeuf vio bailar en un cuadro mediocre en el hotel Alhambra Palace, causándole tal impresión que dejó el emocionante relato en un libro de memorias. "La Golondrina se levanta y se ilumina todo...".


Granada,  patio de los arrayananes y torre de comarex


Granada,  la alhambra

VIDEO

 

 
Enlace  http://www.flamenco-world.com/tienda/autor/golondrinas/160/ + poema de José María Ruiz Fuentes

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